jueves, 28 de marzo de 2013

Para don Manuel García Ferré


Jueves 28 de marzo. Suena el teléfono, la voz de un viejo amigo, Santiago Scalabroni, llamando desde la lejana Atenas. Charlamos, la radio que da encendida. Al rato, le comento: "mirá vos, están pasando la música de Trapito" (la película que estaban haciendo en Producciones García Ferré cuando fuimos compañeros ahí). "Claro, se murió, ¿no sabías?", me llega la respuesta totalmente inesperada. Un balde de agua fría. No parece broma... Se murió García Ferré... De pronto, no hay palabras... 

Un creador excepcional. Uno de los hombres a los que más le debo en mi carrera como dibujante. Un ser humano increíble. En el Face empiezan a aparecer fotos, lamentos, adioses. Fin de una época. Triste noticia. ¿Con qué lo vamos a reemplazar, don Manuel?... Imposible. Usted es único. Dede mi infancia, Pi-Pío y el caballo Ovidio me aseguran, junto con los Hijiitus, Larguirucho, Pucho, Neurus... de mi adolescencia, de mis primeros trabajos con usted, que no te vas, ¡que no te irás nunca, "gallego" querido!

Lo que sigue lo escribí cuando don Manuel cumplió 80 años, en 2009. Hacía mucho tiempo que no lo veía. Poco después tuve la suerte de ser invitado por un grupo de amigos a compartir un entrañable almuerzo con él  y decirle, como pude, como me salió, todo esto que siempre sentí::


Para Manuel García Ferré, en el día en que cumplió 80 años


Un día de junio de 1973, joven y entusiasmado, llegué al edificio de la calle Viamonte con apenas 20 años, una carpeta llena de dibujos y una cabeza llena de sueños.

No lo podía creer...

Estaba en el mágico lugar de donde habían salido las maravillas que deslumbraron mi reciente niñez: aquellos dibujos animados en que Anteojito y Antifaz publicitaban "el rico Mantecol", aquella revista Anteojito de la que compré el número 1 y todavía no me perdono el haberla perdido, aquellos episodios diarios con las aventuras de Hijitus que no me perdía por nada, frente al televisor en blanco y negro de mi casa en Villa Ramallo. Por ese entonces, yo anunciaba a quien quisiera oirme: "¡Algún día los dibujaré yo mismo!"

Y ahora, el más sorprendido era yo, de que aquella audaz e inocente profecía de un chico del interior estuviera a punto de cumplirse: De pronto, yo estaba allí, en su despacho, contemplando los fascinantes bocetos para la película de Trapito, que se estaba realizando por aquellos tiempos y que colgaban de la pared, mientras el mismísimo Manuel García Ferré examinaba mis dibujos uno por uno.

Como en un sueño, el hombre, bajito pero derecho, mirándome con ojos chiquitos detrás de gruesos cristales, sonriendo debajo de su eterno bigote, ¡me estaba ofreciendo trabajo en su empresa!
Por supuesto, trabajo de principiante. Mis estudios de dibujo por correo no daban para más en ese momento, pero era mucho, muchísimo: Me tocó pasar a tinta los fondos de las historietas con las aventuras de Hijitus, que eran dibujadas por un equipo de varios dibujantes.

Ese día, García Ferré abrió para mi de par en par las puertas del mundo del dibujo. Allí, en una amplia oficina de un séptimo piso de la calle Viamonte, y al año siguiente, en Corrientes al 1300, conocí a grandes dibujantes, de los que aprendí tanto, tanto viendo lo que hacían y cómo, compartiendo con ellos "los trabajos y los días". ¡Era el lugar en que ocurrían las cosas! Ahí, llegaba Oswal con los enormes originales de Sónoman y yo dejaba todo para correr a admirarlos cuando los desplegaba sobre alguna mesa; allí se aparecía Arancio y se ponía a contar cuentos santafesinos mientras sacaba a relucir sus increíbles dibujos a pluma; allí, el gran Bruno Premiani, haciendo gala de su invencible acento italiano, pasaba entre nuestras mesas con sus magníficas ilustraciones. Yo me infitraba en el sector de animación y veía a maestros como Néstor Córdoba, como Pérez Agüero, me quedaba  charlando con Natalio Ziruilnik, fanático de la historieta, espiaba al enigmático Hugo Csecs dando asombrosas pinceladas... En la recepción, yo me cruzaba, haciendo antesala como cualquier mortal, a Oesterheld, que escribía guiones de incógnito para Larguirucho, a Breccia, a los dos Salinas, y tantos otros famosos... Hasta Lucho Olivera anduvo por ahí, el día en que le pidieron una muestra y en un rato, sentado frente a mi mesa, con los colores que le alcanzaron, ¡se mandó la batalla de Solferino en todo su esplendor!

Encontré compañeros que se convirtieron en amigos de toda la vida, como Raúl Barbero, Santiago Scalabroni, Natalio Zirulnik, Alberto Grisolía... incluido Leandro Sesarego, que me llevaba muchos años y, justamente por eso, no vacilaba en enseñarme y aconsejarme sin dejar de pintar pacienzudamente sus envidiables ilustraciones.

Pasaron dos años y la "historieta seria" me reclamó. Por ese entonces, era lo que yo más quería hacer, y partí rumbo a la editorial Columba y la aventura de un futuro incierto pero fascinante.
Pero nunca olvidé todo aquello, ni lo que "el señor García", como lo llamábamos todos afectuosamente, hizo por mí. No contento con eso, volvió a brindarme su ayuda en 1981 cuando, falto de trabajo, me di una vuelta por su oficina ¡y salí nada menos que con un guión de Leonardo Wadel, otro prócer de nuestra historieta!

Siempre cálido, atento, humano, tengo una deuda enorme con este hombre. ¿Cómo es que todavía no le he dicho simplemente "Gracias"? Esta es la oportunidad: Hoy, que han pasado 36 años desde aquel día en que lo conocí, desde lo más hondo de mi corazón, ¡le agradezco, Don Manuel, en nombre de aquel chico callado y solitario, perdido en la gran ciudad, a quien usted le dio, más que un trabajo, un mundo!

Y le digo gracias, además, por todos aquellos chicos a los que usted les iluminó la infancia con la magia de sus películas tiernas y emotivas, esas revistas y esas historietas que se vendían como pan caliente, esos personajes entrañabes como Pi-Pío, el caballo Ovidio, Larguirucho, el profesor Neurus, Pucho, el Boxitracio y tantos otros, adoptados por la gente, transmitidos de padres a hijos, y que ya no corren el más mínimo riesgo de pasar al olvido: Porque ya no son suyos, Don Manuel, hace tiempo que nos pertenecen a todos. los chicos de antes, los de ahora, los de siempre.

José Massaroli


¡Hasta siempre, don Manuel!



martes, 26 de marzo de 2013

Cuando dibujé a Haakon, el personaje de Oesterheld y Lito Fernández

 
A fines de 1974 me encuentro con Lito Fernández en un bar de la avenida 9 de Julio, a media cuadra de las oficinas de la editorial Record. Con él estaba el que sería un gran amigo de toda la vida: Silvestre Szilagyi. A raiz de ese encuentro, empecé a enseguida a trabajar con Lito. Una colaboración que duraría casi dos años y fue la verdadera escuela en la que aprendí la técnica de la historieta, al lado de un MAESTRO con todas las letras, excelente persona y del que me precio, todavía ahora, de contar con su amistad inclaudicable.



La nota completa, en el blog donde recuerdo una de mis historietas por año: 

Contando las Cuarenta (40 años - 40 historietas)

jueves, 21 de marzo de 2013

Martínez de Hoz, una caricatura

La muerte del ex-ministro de economía del Proceso, José Martínez de Hoz, al que no hace falta calificar a a esta altura de la historia, me recordó una etapa de mi carrera, cuando dibujaba chistes y caricaturas para la revista política Movimiento, paralelamente con mis trabajos para la revista Caras y Caretas.

Corría el año 1983 y se acercaba el momento de las elecciones que nos devolverían a la vida democrática.

Se publicaban también dibujos de Nine, Rep, Peni, Pollini, Mannken...

Dirigía la revista el recordado historiador Fermín Chávez, con el que dialogué varias veces, llegando hasta contemplar juntos la posibilidad de hacer alguna historieta de tema histórico. Tal vez fue entonces cuando nació la semilla de lo que después serían la Vida de Dorrego, Facundo, etc.


Fue una linda experiencia, en la que exploré mis posibilidades como caricaturista, rama del dibujo que no he cultivado con frecuencia, salvo en mis historietas, donde cada vez que puedo caricaturizo inconsciente e impiadosamente a algún amigo o conocido.

lunes, 18 de marzo de 2013

1974 - Canción Para la Libertad - Columba


1974 - Canción Para la Libertad - Columba

 

Durante 1974 redoblé mis esfuerzos para publicar
en la editorial Columba.
 llevaba muestras de acuerdo a lo que el jefe de arte,  
Antonio Presa, me pedía, sin lograr dar en el clavo. 
Finalmente,Presa me avisa que un dibujante al que yo admiraba,  
Julio César Medrano, Chiche,  
al que yo conocía por su seudónimo John Lawrence,
 necesitaba un ayudante, y allá fui. 
Trabajé unos tres meses con él y ahí, 
en su estudio de la calle Perú al 500, 
pude conoce la "cocina" de la historieta, 
con un profesional que había tenido amplia experiencia 
en la historieta bélica, por sus años de trabajo para Inglaterra.
 Aprendí mucho,
















La entrada al estudio del belicoso Chiche Medrano,
 en uno de los pisos superiores. 

lunes, 11 de marzo de 2013

1973 - La Mujer del Pasado, mi primera historieta publicada

lunes, 11 de marzo de 2013

1973 - La Mujer del Pasado - Mopasa

1973 fue un año decisivo en mi carrera, 
no sólo por haber ingresado en la editorial García Ferré, 
sino porque apenas unos meses después, en octubre, 
pude publicar mi primera historieta: La Mujer del Pasado,
en la revista  Más Allá del Terror
que dirigía el Turco José Alegre,
 pintoresco personaje del submundo de la historieta,  
director de la legendaria editorial Mopasa
 a donde íbamos a recalar todos aquellos 
que éramos rechazados por Columba
para foguearnos, publicar, y volver más adelante. 
Una gran misión la de Alegre, después de todo, 
compensada con las endémicas dificultades 
para poder cobrarle. 
En aquel número 13 de la revista, publicaron también  
Mario Morhain y Furlino.

La nota completa  en Contando las 40...,
 el blog de mis "memorias".


viernes, 1 de marzo de 2013

40 años - 40 historietas - 1973 - Aventuras de Hijitus

Contando las 40 (40 Años - 40 Historietas)

Durante este año, en la medida de lo posible, iré haciendo un recorrido año a año por el largo camino que he recorrido desde que di mis primeros pasos, hace casi cuatro décadas. Iré subiendo, entonces,  una historieta por año transcurrido desde 1973, cuando Manuel García Ferré me abrió las puertas de su empresa y al mismo tiempo, del mundo del dibujo, MI mundo.

Con  García Ferré en 2010

Para empezar, veremos la primera historieta en que trabajé como fondista: el N° 53 de Hijitus,  que, perdido en los avatares de mudanzas, préstamos y olvidos,  volvió a mis manos gracias al amigo Luis Ardouin (Lardouin), cuyo blog sobre las revistas de García Ferré recomiendo calurosamente y a quien agradezco muchísimo el recuperar estas queridas páginas.


En 2010, con Roberto Bat y Raúl Barbero, compañeros de aquellos comienzos.

Por una cuestión de espacio, he tenido que abrir un nuevo blog para albergar las historietas que iré subiendo, a partir de ahora mismo. Es este:

Contando las 40 (40 Años - 40 Historietas)

Los espero allí, amigos, para compartir semana a semana los trabajos y los años de esta asombrosa aventura.