lunes, 23 de noviembre de 2020

¡Se vino la Patodemia! la nueva aventura de Orquídeo Maidana

¡No se va a ir este año tan extraño sin una buena noticia!: Vuelve Orquídeo Maidana a los senderos virtuales del ciberespacio. Vuelve con una historieta que irá desarrollándse semanalmente, tods los martes,  en el viejo y querido blog Historieta Patagónica, donde han visto ala luz hasta ahora todas sus aventiuras. También, los sábados siguientes, se republicará en el blog de Orquídeo

Inspírada en los sucesos que son de dominio público,  pero en alas de la fantasía más libre, sin concesiones al realismo ni a lo "políticamente corrrecto", esta historia narrará las andanzas de nuestro héroe en un mundo en el que misteriossamente, de la noche a la mañana, tdos sus habitantes se han transformado en... ¡patos! Patos con un curioso parecido con los de Disney, claro.


No tdo estará perdido, sin embargo, ya que Orquídeo y sus amigos pronto encontrarán la posibilidad de una insólita cura al terrible flagelo. ¡Una cura bien criolla, por cierto!

Bueno, basta de palabras, comienza la Aventura:

Página 1-a:

Hace casi tres semanas  arrancó la publicación de estas andanzas que iremos creando con toda libertad, por donde nos lleve la inspiración del momento, sin plan definido pero con un norte claro: divertirnos siempre y hacer pensar, en lo posible. Los esperamos cada martes en:

https://historietapatagonica.blogspot.com/search?q=patodemia

Y los sábados en: 

 https://esquinaorquideo.blogspot.com/

¡Continuará!

 

martes, 10 de noviembre de 2020

Recordando a Quino en el Día del Dibujante

El pasado 30 de Septiembre nos dejó para siempre el tan querido y admirado Quino, a los 88 años.

 

 Ya todo el mundo lo ha llorado, recordado y homenajeado, recorrido su obra y su vida hasta que no queda prácticamente nada nuevo que decir sobre este maravilloso artista, uno de los más grandes humoristas y dibujantes no sólo del país sino del mundo entero. 

 

Pero quiero detenerme en una pequeña coincidencia, tal vez sólo significativa para mí mismo; pero que no puedo soslayar: ese día, el 30 de Septiembre,  es el de mi cumpleaños.  No tendría ninguna importancia, si no fuera por el hecho de que Quino influyó de manera decisiva en mi carrera, y por lo tanto, en mi vida. Lo cual me lleva a pensar y pensar, sin haber llegado a una respuesta hasta ahora, pero con la seguridad de que algo hay para mí en esa rara coincidencia; un mensaje, una muestra de alguna oculta sincronicidad, al decir de Carl Jung

 

Mientras sigo tratando de develar este misterio, reproduzco aquí a manera de homenaje al Maestro, la nota que le dediqué otro Día del Dibujante, como hoy, hace siete años, en este mismo blog; una de las últimas veces que tuve el gusto de verlo con vida. En esta nota cuento de qué manera Quino me ayudó a dar mis priimeros pasos en el mundo del dibujo, tal vez los más importantes.

 

Para Quino, en el Día del Dibujante


Hoy, 10 de noviembre, celebramos una vez más el Día del Dibujante, una fecha cuyo origen se pierde en la primera mitad del siglo XX.  Quiero dedicar esta nota al primer dibujante que me recibió en su casa cuando llegué a Buenos Aires, con 18 años de edad y más ilusiones que destreza, más entusiasmo que conocimiento, desde mi pueblo natal (¡ahora es ciudad!), Villa Ramallo. Hace poco este dibujante y humorista sin igual cumplió 80 años. Sus dibujos recorren el mundo. Su nombre es Joaquín Lavado, más conocido por su seudónimo: Quino.
 
 
 Primer año en la escuela de Comercio de Villa Ramallo, cuando ya dibujaba hasta en el pupitre de madera, pero no sospechaba lo que me esperaba!

 Usted, Quino, ya era famoso en aquel año 1970, con su Mafalda revolucionando la forma de hacer humor en tiras, cuando yo cursaba el quinto año del colegio comercial. Más era lo que yo dibujaba que lo que estudiaba. Historietas, claro. Soñaba con triunfar en Buenos Aires, pero no tenía una idea clara de cómo hacerlo. Fue entonces que alguien se preocupó por mi futuro. La joven bibliotecaria del colegio, Silvia Di Bacco, no dejó de notar con qué ganas dibujaba yo en el pizarrón a pedido de la maestra alguna escena histórica, y se le ocurrió mandarle mis dibujos nada menos que a la primera figura del momento y pedirle que me aconsejara. Más de una vez, ya que usted, maestro, andaba por Italia en ese entonces. A la tercera carta, donde ya casi le tiraba la bronca, llegó la  respuesta. ¡Nunca podré agradecele bastante a Silvia este generoso gesto!

Fines de 1970. Silvia me despide del Colegio Comercial. El Futuro espera...

Su respuesta, maestro, no se hizo esperar: Que estudiara Bellas Artes, que no hiciera como usted, que empezó y dejó, y si no, que fuera a IDA, donde Breccia, Pereyra y Borissof, Famosos Artistas que habían formado parte de la Escuela Panamericana de Arte, daban clases. Me tentó mucho más la segunda opción. En las vacaciones de invierno me escapé a la gran ciudad y visité el local que alquilaba IDA en Florida al '700. Nunca olvidaré la escalinata que llevaba a un lujoso primer piso. Alli me atendió el mismísimo Alberto Breccia, quien, tras ver mis dibujos sólo dijo "¡Métale!" Y para mí fue suficiente.


Algo cambió en los meses que siguieron. Yo venía dibujando una página por día, religiosamene, de una historieta y otra y otra... siempre dentro de los límites de la historieta humorpistica infantil, como yo habia estudiado por correo en las lecciones de la Continental School. Patoruzú, Hijitus, Arturito el Justiciero, eran mis modelos. Hasta que Silvia, para mostrarme quién era Quino, me prestó un libro de Mafalda, uno de los primeros. Y todo cambió: me di cuenta que se podía hacer historieta de otra manera, expresando ideas, una visión personal del mundo, algo más que hacer reir. Por eso, usted fue mi maestro desde ese entonces aunque nunca lo supo. La última historieta que dibujé en Ramallo antes de venir a Buenos Aires, mostraba ya esos cambios: los personajes se movían en escenarios reales, actuales, entre secuestros, ambiciones y dilemas existenciales. La semilla estaba sembrada.


Al año siguiente, en marzo del '71, desembarqué en la capital y una de las primeras cosas que hice fue visitarlo, Quino, en su departamento de la calle Medrano. Usted  vio mis dibujos, fue muy amable y paciente, me prestó varias revistas Mad y me alentó a seguir adelante. Volví después de un tiempo, cuando ya estaba trabajando para pagar una habitación en un hotel, las cuotas de IDA , que se había mudado a la Galería Guemes y ya no contaba con la presencia de Breccia, y comer algo con lo que sobraba. Le devolví las revistas. usted, generosamente, encontró avances en mis trabajos, hablamos del tango, sobre todo de Julio Sosa... al despedirme, sin sospechar que era por mucho tiempo, me elogió el saquito de corderoy marrón claro que era mi uniforme en aquella época de escasez... curioso las cosas que uno recuerda y cuántas que habré olvidado, seguramente!. Pero creeo que lo que más me ayudó, fue su generosidad de brindarme algo de su valioso tiempo, el mostrarme que no era un semidios sino un tipo sencillo, tranquilo, casi común, de pocas palabras, anteojos, ya medio calvo, que podía atenderme en el living de su departamento mientras en otra habitación su mujer hablaba de cosas cotidianas con una amiga o vecina. Todo eso me dio un espaldarazo anímico muy importante. Uno de los primeros personajes que creé se llamba Rosita, sospechosamente parecida a Mafalda...

El Hotel Unión, donde pasé los primeros años en la gran ciudad

 

Pasaron muchos años. Curiosamente, nuestros caminos prácticamente no se cruzaron, salvo un par de coincidencias fugaces que no nos permitieron el diálogo. Supongo que usted ya me había olvidado, habiendo sufrido el asedio de miles de admiradores y principiantes como yo a o largo de todo ese tiempo. Y sin embargo, yo sentía que le debía una palabra de agradecimiento, por lo menos.

Con Mafalda en 2009, otro Día del dibujante como hoy, en la esquina donde nació: Chile y Defensa.

Por eso, cuando asistí a la inauguración de la muestra de Oski, hará un mes, con la certeza de que usted iba a estar y decir unas palabras junto con el curador de la muestra, mi amigo Miguel Rep, supe que el momento había llegado. No era fácil, sin embargo, porque la gente lo rodeaba, se disputaba su  proximidad, como siempre, pero finalmente logré que Miguel, con el que usted mantiene una amistad profunda, nos juntara para sacarnos unas fotos.Algo le dije pero entre mi timidez y la suya, proverbial, creo que sólo conseguí marearlo un poco más. Tenía la foto al menos, pero algo me faltaba...


Desde que publiqué mi primer libro, en 1997, con un personaje propio, Orquídeo Maidana, tuve la intención de llevarle un ejemplar, de dedicárselo, de dejarle en sus manos ese testimonio de que sus consejos habían dado algún fruto, que aquel chico al que usted orientó sin conocerlo, por carta, había dedicado su vida al dibujo... como usted, maestro!. Era como decirle: "Aquí estoy. Lo conseguí, soy un dibujante, ésta es mi obra!". a la semana siguiente tuve una nueva oportunidad, cuando se inauguró la muestra de Calé en la Biblioteca Nacional. Allí fui con la reedición de aquel libro, corregida y aumentada, publicada por La Duendes en 2012... ¡y dedicada de puño y letra!


Bueno, ¡ya está! Quino: usted tiene mi libro. Y yo tengo el grato recuerdo de este momento en que el alumno al fin le pudo dar las gracias al Guía, al Mentor, al Maestro. Al Dibujante. tal vez el más grande de los creadores del humor gráfico en la Argentina y el mundo. El padre de Mafalda... no hace falta decir nada más... ¿o sí?...

 Una pena enorme, recuerdos imprecederos que me aconpañarán por siempre, una admiración sin límites y un afecto intraducible en palabras, es lo que puedo consignar en esta despedida al hombre. No a su obra, que por suerte para los argentinos, será siempre parte fundamental de nuestra cultura , de la cultura de la Patria Grande y de la humandiad.

¡Gracias por tanto, querido Quino!

 

la nota original puede verse en esta página:  

 http://jose-massaroli.blogspot.com/2013/11/para-quino-en-el-dia-del-dibujante.html

lunes, 2 de noviembre de 2020

Adiós a César Spadari, gran artista, maestro y amigo,

El pasado 4 de octubre, una penosa noticia nos llega: falleció a los 82 años, César Spadari, un artista de larga trayectoria, historietista reconocido en el país y en el exterior, y alguien que durante muchos años ejerció el generoso oficio de traer trabajo desde Europa para los dibujantes argentinos. Yo fui uno de ellos. 


Lo conocí un día de 1978 en que acompañé a mi amigo Sergio Mulko cuando él iba a llevarle muestras de su trabajo al estudio de El Palomar donde César trabajaba y desarrollaba su actividad de representante de artistas argentinos ante las editoriales europeas.  Una actividad que llevaba años y era muy conocida por mis colegas; yo había oído hablar mucho de él y me interesaba probar suerte en el exterior.

Quien no parecia estar tan interesado era Sergio, quien, cuando Spadari elogió profusamente sus dibujos y le aseguró trabajo, parecía abrumado por la responsabilidad, lo que no dejaba de causarme mucha gracia, ya que Mulko era un excepcional dibujante. En el viaje de regreso  en el  tren hacia la Capital, curiosamente, estaba más contento yo que él. Sergio era un verdadero artista y sólo trabajaba por encargo por necesidad; de ahí que  no comulgaba mucho con los editores y menos, no sé por qué, con los de origen italiano; de ahí que Columba siempre fue la editorial en la que más trabajó y con más comodidad. En resumen, Sergio no volvió más por ahí, y yo. al poco tiempo, llevé muestras y a fines del año me llegaba el primer encargo para la editorial Thomson de Gran Bretaña.


Comenzó así una larga relación con César y su esposa Chiche. A pesar de haberme mudado a Villa Ramallo, mi pueblo, nos veíamos seguido, ya que había que entregar el trabajo, cobrar, etc. Un tiempo después, se creó una especie de seminario para los que trabajábamos con él, a cargo de Alberto Salinas, y mis viajes se hicieron semanales. Conocí allí a artistas como los guionistas Wadel y Sergio Almendro, el ilustrador D'Adderio y otros. 


Siempre la actitud de César fue amigable, generosa, paciente y permanentemente dispuesto a dedicar su tiempo a aconsejar sobre la mejor forma de realizar estos trabajos que no eran nada sencillos, realmente. Esta relación de trabajo dur´aproximadamente ds años, y a fines de 1980 los británicos suspendieron el envío de guiones; por lo que tuve que andar otros caminos.


Volvimos a encontrarnos años después, creo que en 1986, cuando tras realizar varias muestras, empecé a dibujar historietas para la editorial alemana Bastei Verlag, que ´Cesar representaba por ese entonces. Fueron unos cuantos años y perdí la cuenta de las historietas que publicí la revista Gespenster Geschichten, de aquella editorial en ese lapso. la mayoría eran escritas por ls guionistas germanos Peter Mennigen y Hajo Brauer.


La primera historieta que realicé para la editorial alemana, bajo la estrecha supervisión de Spadari. quien n descuidó detalle para que yo pudiera entrar por la puerta grande

Finalmente, debo a César y Chiche la oportunidad de haber dibujado mi primer historieta del Pato Donald, para una editorial italiana, en 1994. Sabedores de que yo estaba dibujando historietas estilo Disney para el estudio de Jaime Díaz, me ofrecieron hacer una historieta de 36 páginas titulada Zio Paprone e la Realtá Virtuale (o algo así). El pasado a tinta corrió por cuenta de Rubén Torreiro, y fue la primera de las muchas colaboraciones entre ambos a través del tiempo. Esta historieta fue la que un año después me abrió las puertas para dibujar el Pato Donald para la editorial Egmont, por lo que resultó muy importante en mi carrera. 


César no era de frecuentar los eventos del ambiente, por lo que luego de dar por terminada mi relación con Bastei, fuimos dejando de vernos. Años después, cuando en el grupo Rebrote decidimos publicar, entre otras, la revista ¡Moreira!, recordé las magníficas ilustraciones gauchescas con que Spadari engalanaba las tapás de las revistas de la editorial Cielosur en los '60  y '70, y le solicité algunas de ellas para nuestra revista. No había forma de remunerarle por esas colaboraciones, pero su generosidad nos permitió publicar no sólo la tapa del número 1 con una ilustración  suya, sino una historieta completa de su personaje El Mayor Laguna (con guión de Almendro). ¡Gratitud eterna por este noble gesto, querido César!




Una figura tal vez no tan conocida en el país como merecía, deja los mejores recuerdos y una enorme obra. Como muestra de ello, reproduzco abajo la nota de Comiqueando Online sobre su amplísima trayectoria profesional:

 César Spadari fue un dibujante e historietista argentino nacido en 1938. Sus primeros trabajos fueron colaboraciones en el diario Crítica y una revista mensual llamada Indio Pampa, cuyo primer número apareció en diciembre de 1957 y que ofrecía cuatro historietas suyas, más una página de humor en la contratapa. Eran casi 30 páginas realizadas íntegramente por Spadari, sobre guiones de Sergio Almendro. En 1963 dibujó la serie Comandante Prado para la revista Misterix, con guiones de Héctor Oesterheld, un trabajo que le reportó popularidad. También colaboró varios años con la editorial Columba.

En los años ´70 se reinventó como editor, con la revista Top, y también ofició como agentes de artistas para editoriales extranjeras, sobre todo de Alemania y de Reino Unido. De hecho, él mismo realizó abundante trabajo para agencias, y colocó muchas historietas suyas en revistas femeninas británicas y holandesas entre fines de los ´70 y el comienzo del Siglo XXI. Para la editorial española Bruguera realizó varias series junto al mítico guionista Víctor Mora (Grand Prix, La Llamada de Africa) y para la colección Joyas Literarias Juveniles adaptó a la historieta novelas como Hacia el Zambesí, Dos Años de Vacaciones y Nuevas Aventuras de Robinson Crusoe, entre otras.

A partir de 1987 comenzó a colaborar muy activamente con la editorial sueca Semic Press, donde se convirtió en uno de los principales dibujantes de las aventuras de The Phantom, el icónico personaje de Lee Falk, que en Escandinavia es enormemente popular (allá le dicen «Fantomen»), al punto de que todos los meses se producen nuevas historietas, en varios formatos distintos, por fuera de lo que eran las tiras para diarios distribuidas por el King Features Syndicate. También aparecieron trabajos de Spadari en otras revistas suecas, como Min Häst.

El domingo 4 de Octubre, Spadari nos dejó acá en la ciudad de Buenos Aires, no sabemos si con 81 o con 82 años ya cumplidos. Y hoy, mal y tarde, nos toca despedir a otro maestro que dejó bien altas las banderas de la historieta argentina.



Adiós no, César, sino Hasta Siempre; no te vas sino que te quedas cerca, alumabrando, como ocurre con quienes han compartido tramos importantes de nuestro camino por los senderos de la historieta. ¡Gracias por todo, querido colega y amigo!

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