domingo, 10 de noviembre de 2013

Para Quino, en el Día del Dibujante


Hoy, 10 de noviembre, celebramos una vez más el Día del Dibujante, una fecha cuyo origen se pierde en la primera mitad del siglo XX.  Quiero dedicar esta nota al primer dibujante que me recibió en su casa cuando llegué a Buenos Aires, con 18 años de edad y más ilusiones que destreza, más entusiasmo que conocimiento, desde mi pueblo natal (¡ahora es ciudad!), Villa Ramallo. Hace poco este dibujante y humorista sin igual cumplió 80 años. Sus dibujos recorren el mundo. Su nombre es Joaquín Lavado, más conocido por su seudónimo: Quino.
 
 Primer año en la escuela de Comercio de Villa Ramallo, cuando ya dibujaba hasta en el pupitre de madera, pero no sospechaba lo que me esperaba!

 Usted, Quino, ya era famoso en aquel año 1970, con su Mafalda revolucionando la forma de hacer humor en tiras, cuando yo cursaba el quinto año del colegio comercial. Más era lo que yo dibujaba que lo que estudiaba. Historietas, claro. Soñaba con triunfar en Buenos Aires, pero no tenía una idea clara de cómo hacerlo. Fue entonces que alguien se preocupó por mi futuro. La joven bibliotecaria del colegio, Silvia Di Bacco, no dejó de notar con qué ganas dibujaba yo en el pizarrón a pedido de la maestra alguna escena histórica, y se le ocurrió mandarle mis dibujos nada menos que a la primera figura del momento y pedirle que me aconsejara. Más de una vez, ya que usted, maestro, andaba por Italia en ese entonces. A la tercera carta, donde ya casi le tiraba la bronca, llegó la  respuesta. ¡Nunca podré agradecele bastante a Silvia este generoso gesto!

Fines de 1970. Silvia me despide del Colegio Comercial. El Futuro espera...

Su respuesta, maestro, no se hizo esperar: Que estudiara Bellas Artes, que no hiciera como usted, que empezó y dejó, y si no, que fuera a IDA, donde Breccia, Pereyra y Borissof, Famosos Artistas que habían formado parte de la Escuela Panamericana de Arte, daban clases. Me tentó mucho más la segunda opción. En las vacaciones de invierno me escapé a la gran ciudad y visité el local que alquilaba IDA en Florida al '700. Nunca olvidaré la escalinata que llevaba a un lujoso primer piso. Alli me atendió el mismísimo Alberto Breccia, quien, tras ver mis dibujos sólo dijo "¡Métale!" Y para mí fue suficiente.


Algo cambió en los meses que siguieron. Yo venía dibujando una página por día, religiosamene, de una historieta y otra y otra... siempre dentro de los límites de la historieta humorpistica infantil, como yo habia estudiado por correo en las lecciones de la Continental School. Patoruzú, Hijitus, Arturito el Justiciero, eran mis modelos. Hasta que Silvia, para mostrarme quién era Quino, me prestó un libro de Mafalda, uno de los primeros. Y todo cambió: me di cuenta que se podía hacer historieta de otra manera, expresando ideas, una visión personal del mundo, algo más que hacer reir. Por eso, usted fue mi maestro desde ese entonces aunque nunca lo supo. La última historieta que dibujé en Ramallo antes de venir a Buenos Aires, mostraba ya esos cambios: los personajes se movían en escenarios reales, actuales, entre secuestros, ambiciones y dilemas existenciales. La semilla estaba sembrada.


Al año siguiente, en marzo del '71, desembarqué en la capital y una de las primeras cosas que hice fue visitarlo, Quino, en su departamento de la calle Medrano. Usted  vio mis dibujos, fue muy amable y paciente, me prestó varias revistas Mad y me alentó a seguir adelante. Volví después de un tiempo, cuando ya estaba trabajando para pagar una habitación en un hotel, las cuotas de IDA , que se había mudado a la Galería Guemes y ya no contaba con la presencia de Breccia, y comer algo con lo que sobraba. Le devolví las revistas. usted, generosamente, encontró avances en mis trabajos, hablamos del tango, sobre todo de Julio Sosa... al despedirme, sin sospechar que era por mucho tiempo, me elogió el saquito de corderoy marrón claro que era mi uniforme en aquella época de escasez... curioso las cosas que uno recuerda y cuántas que habré olvidado, seguramente!. Pero creeo que lo que más me ayudó, fue su generosidad de brindarme algo de su valioso tiempo, el mostrarme que no era un semidios sino un tipo sencillo, tranquilo, casi común, de pocas palabras, anteojos, ya medio calvo, que podía atenderme en el living de su departamento mientras en otra habitación su mujer hablaba de cosas cotidianas con una amiga o vecina. Todo eso me dio un espaldarazo anímico muy importante. Uno de los primeros personajes que creé se llamba Rosita, sospechosamente parecida a Mafalda...

El Hotel Unión, donde pasé los primeros años en la gran ciudad

 

Pasaron muchos años. Curiosamente, nuestros caminos prácticamente no se cruzaron, salvo un par de coincidencias fugaces que no nos permitieron el diálogo. Supongo que usted ya me había olvidado, habiendo sufrido el asedio de miles de admiradores y principiantes como yo a o largo de todo ese tiempo. Y sin embargo, yo sentía que le debía una palabra de agradecimiento, por lo menos.

Con Mafalda en 2009, otro Día del dibujante como hoy, en la esquina donde nació: Chile y Defensa.

Por eso, cuando asistí a la inauguración de la muestra de Oski, hará un mes, con la certeza de que usted iba a estar y decir unas palabras junto con el curador de la muestra, mi amigo Miguel Rep, supe que el momento había llegado. No era fácil, sin embargo, porque la gente lo rodeaba, se disputaba su  proximidad, como siempre, pero finalmente logré que Miguel, con el que usted mantiene una amistad profunda, nos juntara para sacarnos unas fotos.Algo le dije pero entre mi timidez y la suya, proverbial, creo que sólo conseguí marearlo un poco más. Tenía la foto al menos, pero algo me faltaba...


Desde que publiqué mi primer libro, en 1997, con un personaje propio, Orquídeo Maidana, tuve la intención de llevarle un ejemplar, de dedicárselo, de dejarle en sus manos ese testimonio de que sus consejos habían dado algún fruto, que aquel chico al que usted orientó sin conocerlo, por carta, había dedicado su vida al dibujo... como usted, maestro!. Era como decirle: "Aquí estoy. Lo conseguí, soy un dibujante, ésta es mi obra!". a la semana siguiente tuve una nueva oportunidad, cuando se inauguró la muestra de Calé en la Biblioteca Nacional. Allí fui con la reedición de aquel libro, corregida y aumentada, publicada por La Duendes en 2012... ¡y dedicada de puño y letra!


Bueno, ¡ya está! Quino: usted tiene mi libro. Y yo tengo el grato recuerdo de este momento en que el alumno al fin le pudo dar las gracias al Guía, al Mentor, al Maestro. Al Dibujante. tal vez el más grande de los creadores del humor gráfico en la Argentina y el mundo. El padre de Mafalda... no hace falta decir nada más... ¿o sí?...

 ¡¡¡FELIZ DÍA, QUERIDO QUINO!!!