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lunes, 1 de junio de 2020

Un viaje a los Estados Unidos

1990, hace hoy 30 años, fue un año de grandes cambios y contrastes. La invitación de un familiar, mi cuñado Eddie. me llevó junato a mi esposa y mi pequeño hijo, a fines de mayo, a los Estados Unidos, la ciudad de Washington, precisamente, donde durante un mes y medio no hice más que pasear, conocer y almacenar experiencias muy felices, visitando museos, y ciudades cercanas como Baltimore, Harpers Ferry, Rehobot y... ¡Nueva York, claro!


Al saber que viajaba, Antonio Presa, jefe de arte de Columba, me dio una mano extendiéndome un certificado de trabajo con la editorial, que me permitió pasar los filtros de la embajada yanky y cnseguir la visa. También Presa me insistió en que no dejara de visitar a las grandes editoriales neoyorquinas. Al final,  a pesar de que yo sólo pensaba pasear, me convenció.




 La estatua de la Libertad, allá abajo, vista desde las Torres Gemelas




El río Hudson, cruzado por el célebre puente de Brooklyn, desde la terraza del World Trade Center

Como resultado, junto a Eddie, que oficiaba de guía y traductor, me encontré en Nueva York con Luis Ángel Dominguez, veterano artista argentino radicado allá, quien ya había ayudado a colegas como García López y Barreto. Él me condujo a la DC, donde me presentó a Joe Orlando y tuvimos una larga charla de la que salí cargado de libros y revistas (entre ellos el Ronin de Frank Miller) y promesas de trabajo. Ya que estábamos, tras despedirme de Domínguez, me di luego una vuelta por la Marvel, donde el editor Don Daley, tras conectarme telefónicamente con el compatriota, tocayo y colega José María Del Bo,  me encargó una serie de ilustraciones de The Punisher. Sólo tardé seis o siete meses en hacerlas, ya que al regresar a Buenos Aires me esperaba muchísimo trabajo en el estudio de Jaime Díaz, pero hacia fin de año pude cumplír con el compromiso y las envié.


Luis Ángel Domínguez, años antes de nuestro encuentro


 Joe Orlando en los '50, mucho tiempo antes de conocernos

Don Daley, a la izquierda, en las ventanas de la Marvel, años antes de mi visita

Un momento emocionante de aquella aventura, fue cuando al pasar frente a un edificio, Domínguez nos dijo: "Aquí trabajó Narciso Bayón durante los once años que estuvo en los Estados Unidos". Y cuando le conté que había sido mi maestro, agregó "Y nunca aprendió inglés". ¿Cómo era posible?... Dirigía una revista para lectores latinos y nunca le hizo falta otro idioma que el castellano. ¡Fue lindo imaginarlo atravesando aquellas puertas, caminando aquellas veredas!

 Las dos únicas fotos de aquel día memorable: antes, cuando partimos a la mañana bien temprano para tomar el tren de Washington a Nueva York, y a la noche, de regreso. ¿Se nota la diferencia ...?

 Muchos años después, pude conocer a Del Bo en una cena del Día del Dibujante, en 2010. Aquí junto al querido amigo común, el enorme Lito Fernández



 La casa en que vivió Edgar Allan Poe, en Baltimore

Realmente, conocer el trabajo de Miller, sobre todo el Dark Knight, me inspiró algunos cambios en mi trabajo, sobre todo en la diagramación, que se notaron en los siguientes Encuentros Cercanos que continué dibujando para Columba después del viaje.



 Las dos páginas del Punisher que realicé a raiz de este viaje, a fines de 1990, y publicadas en 1991-

Muchísimos son ls recuerdos que atesoro de aquel inolvidable viaje que duró en total un mes y medio. En lo profesional, me permitió llegar a donde nunca había imaginado, y esa vivencia influyó, claro, sobre toda mi carrera posterior. Es el momento de agradecer profundamente a los que lo hicieron posible: Eddie, quien generosamente nos invitó a conocer Estados Unidos, Antonio Presa, quien me convenció de visitar las editoriales, y Luis A. Domínguez, quien nos acompañó con la mejor buena voluntad a visitar a su amigo Joe Orlando y compartió con nosotros, antes de despedirnos para siempre, un entrañable almuerzo donde recordamos la Argentina que tanto quería y extrañaba.
 ¡Gracias a ls tres, muchas gracias!

lunes, 20 de enero de 2020

1990, Columba, Marvel y después...

Copio la nota de mi blog "Confieso que he Dibujado", en la que relato cómo viví aquel año del que apenas han pasado... ¡tres décadas!:


1990 - Encuentros Cercanos - Columba - Una vuelta por los Estados Unidos

Este fue un año de grandes cambios y contrastes. Una invitación familiar me llevó a mediados de año a los Estados Unidos, la ciudad de Washington, precisamente, donde durante un mes y medio no hice más que pasear, conocer y almacenar experiencias muy felices, visitando museos, ciudades como Baltimore, Harpers Ferry, Rehobot y... ¡Nueva York, claro!







Al saber que viajaba, Antonio Presa, jefe de arte de Columba, me dio una mano extendiéndome un certificado de trabajo con la editorial, que me permitió pasar los filtros de la embajada yanky y cnseguir la visa. También Presa me insistió en que no dejara de visitar a las grandes editoriales neoyorquinas. Al final,  a pesar de que yo sólo pensaba pasear, me convenció.

 La estatua de la Libertad, allá abajo, vista desde las Torres Gemelas

El río Hudson, cruzado por el célebre puente de Brooklyn, desde la terraza del World Trade Center

Como resultado, me encontré en Nueva York con Luis Ángel Dominguez, veterano artista argerntino radicado allá, quien ya había ayudado a colegas como García López y Barreto. Él me condujo a la DC, donde me presentó a Dick Giordano y tuvimos una larga charla de la que salí cargado de libros y revistas (entre ellos el Ronin de Frank Miller) y promesas de trabajo. Ya que estábamos, me di luego una vuelta por la Marvel, donde el editor Don Daley me encargó una serie de ilustraciones de El Punisher. Sólo tardé seis o siete meses en hacerlas, ya que al regresar a Buenos Aires me esperaba muchísimo trabajo en el estudio de Jaime Díaz, pero acia fin de año cumplí y las envié.


 La casa en que vivió Edgar Allan Poe, en Baltimore

Realmente, conocer el trabajo de Miller, sobre todo el Dark Knight, me inspiró algunos cambios en mi trabajo, sobre todo en la diagramación, que se notaron en los siguientes Encuentros Cercanos que continué dibujando para Columba después del viaje.










Este episodio se publicó como historieta unitaria en la revista D'Artagnan Todo Color N° 117 de diciembre de 1990, cuando había terminado la avalancha de trabajo en los estudios de animación y me estaba dedicando a terminar las ilustraciones para la Marvel.


Esta historieta, muchos años después, me dio una alegría adicional, muy grande, al llamarme un día el mismísimo Osvaldo Viola, Oswal, querido creador de Sonoman y maestro indiscutido de la línea, para comunicarme que había presentado una de estas páginas a a sus alumnos como ejemplo de narración. No sólo un extraodinario artista, Oswal, ¡sino un ejemplo de generosidad y bonhomía! ¡Muchas gracias, MAESTRO!
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