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lunes, 25 de noviembre de 2019

Qué Querés Ser Cuando Seas Grande, presentación del libro en la Biblioteca Nacional

Con la presencia de los autores se presentó el nuevo libro de Historieteca Editorial: ¿Qué querés ser cuando seas grande? Se trata de una antología de historietas ambientadas en la Dictadura.
Los guiones de los nueve episodios son de Marcelo Pulido, quien convocó a los dibujantes Dante Ginevra, Lauri Fernandez Dibujante, Jok LP, Marcos Vergara, Sergio Ibáñez, Ian Debiase, José Massaroli, Fabian Mezquita y Rodolfo Ezequiel. Sólo faltó a la cita Marcos Vergara, por razones de distancia. La charla fue conducida por Javi Hildebrandt



Habla Dante Ginevra, autor del dibujo de tapa y uno de los episodios

Habla Javier Hildebrandt, conductor de la charla


Habla Sergio Ibáñez

Habla Rodolfo Ezequiel

Firmando, luego de la charla

Firma Fabián Mezquita

Después de dibujada mi parte, Marcelo me contó quién era de alguna manera la protagonista o al menos quien había inspirado la historia: una amiga de Facebook a quien había conocido personalmente durante en un Ruidazo en Flores!

Juan Rozz y Gustavo Schimpp con Ian Debiase

Con Ezequiel y Mario Lessa

Con Osvaldo Crespo y Katy Prozer

Con Ibáñez y Mezquita

Con Schimpp y Betina Pascar

Con Dante Ginevra

Con Ian Debiase 

Con la única mujer del equipo, Lauri Fernández, Ibáñez y Pulido

Un libro que arranca con muy buenas expectativas, en un momento en que la defensa de los Derechos Humanos y la Democracia vuelven a estar en el primer plano, ha sido recibido con indudable interés por su profundo y conmovedor contenido, que evoca los terribles "años de plomo" que vivimos durante la Dictadura de 1976-1983. Incluso se habló, con muy buen tino, de que se lea en las escuelas; porque lo fundamental, para todos nosotros, y este libro es una contribución más en ese sntido, es que aquellos horrores no se repitan NUNCA MÁS.

lunes, 4 de noviembre de 2019

“¿Qué querés ser cuando seas grande?” de Marcelo Pulido. Nuevo libro

HISTORIETA ARGENTINA
“¿Qué querés ser cuando seas grande?” de Marcelo Pulido

Escribir después del horror
Como parte de la celebración por los diez años de Historieteca, su editor, Marcelo Pulido, se dio el lujo de escribir nueve guiones que fueron ilustrados por nueve grandes artistas del medio y publicados en un libro. ¿El eje conductor que los conecta? La última dictadura militar en Argentina.

Por: Facundo Vazquez
Publicación original en: 

“¿Cómo llega un niño a convertirse en un asesino? ¿Cómo llega una sociedad a cometer un genocidio? ¿Cómo se vive con eso? ¿Cómo se convive, transcurre la vida durante el horror?”

Esas preguntas serán tal vez nuestra primera aproximación al libro cuando veamos la contratapa en la librería. Ya cuando llegamos a casa y empezamos a leerlo, la cita de Theodor Adorno, nos pone en el contexto teórico de la obra:

¿Por qué abrir un libro de historietas con una cita de un filósofo y teórico literario? Sé que se mueren por saberlo y por eso voy a empezar hablando de eso: Adorno sostuvo una conocidísima polémica con György Lukács respecto al tema del realismo, polémica que resumiré groseramente diciendo que mientras Lukács sostenía la doctrina soviética del realismo socialista y condenaba como desviación burguesa (casi) todo ejercicio formal o vanguardista, Adorno defendía la necesidad de la innovación constante en el arte, por lo que no podía ceñirse a ninguna teoría dogmática... menos si ese dogma venía impuesto por una doctrina política. Ambos, finalmente, coinciden en que debe haber algo en la literatura, por más realista que esta sea, que la diferencie del ensayo, la ciencia o la historia y ese algo tiene que ver con su función estética y por lo tanto con la artificialidad de las formas.

La experiencia de la segunda guerra mundial lleva a la teoría literaria (y a la humanidad en su conjunto) a una crisis que obliga a replantearlo todo. Los soldados veteranos históricamente habían sido una fuente inagotable de anécdotas y relatos épicos. Desde “La Odisea”, tener un veterano sentado a la mesa era un privilegio y un honor porque siempre tenía una historia que contar de las aventuras y hazañas que habían vivido. Los combatientes de la segunda guerra, en cambio, regresaban mudos del frente. No podían o no querían hablar de lo que habían visto y vivido. Su experiencia no se convertía en relato, era inenarrable.

El fenómeno llegó a un extremo cuando el periodista ruso Vasili Grossman difunde las primeras noticias sobre los campos de exterminio. ¿Cómo explicar que la eficiencia, el método y hasta la ciencia habían sido puestos al servicio de la muerte y el horror? En ese contexto debe leerse la frase de Adorno:

“No se puede escribir poesía después de Auschwitz”

La contradicción surge de que esa realidad exigía ser expuesta y al mismo tiempo el horror había alcanzado tal magnitud que todo intento de describirlo parecía una banalización. La historia y el periodismo podrían replegarse sobre la objetividad de la crónica, pero ¿qué podía hacer la literatura? El escritor comprometido siente una responsabilidad moral con la realidad que le impide abstraerse de la misma. No puede, digamos, soslayar la atrocidad que acaba de ocurrir y contarnos como antaño la historia de una princesa encantada en un castillo. Pero a la vez surge la pregunta ¿Es lícito hacer arte sobre el horror? ¿No es abyecto sobreimprimir una intención estética sobre la experiencia del exterminio?

La experiencia del horror en la historieta argentina.
Nuestra literatura (también nuestra historieta y nuestro arte en general) se encontró ante una disyuntiva similar al término de la última dictadura militar. De manera similar a lo ocurrido con los campos del Reich, la información sobre los crímenes de estado, en el momento en que se produjeron, había llegado a la población de forma muy heterogénea. Algunos habían visto algo o contaban con información confiable, otros tenían sospechas y muchos sostienen que permanecieron totalmente ignorantes de todo lo ocurrido.

Como fuera, la llegada de la democracia, la formación de la CONADEP y el “Nunca Más” trajeron consigo un duro golpe de realidad para nuestra sociedad. Los abismos del horror habían alcanzado una profundidad y una magnitud que la inmensa mayoría de la gente común no hubiera siquiera imaginado.

Es así que durante la década del ochenta, la historieta argentina para adultos se vio influida fuertemente por la atmósfera de la dictadura, la represión, los desaparecidos, etc. Incluso cuando la intención no era documental o no estaban hablando de la dictadura explícitamente, aun en las historietas de aventuras o de ciencia ficción, los conflictos no resueltos de nuestra historia reciente siempre podían leerse entre líneas.

En nuestro país, se sumó la dificultad de que la política, la historia y el periodismo, de cara a una reorganización democrática, produjeron una avalancha tan grande de interpretaciones que los hechos quedaron casi sepultados debajo de los textos. Era necesario conciliar y la realidad parecía apuntar en una dirección totalmente contraria... por lo que los hechos debieron ser “interpretados” a partir de un relato que permitiera pacificar la sociedad.

Con el paso de los años y las décadas, los argentinos hemos llegado a algunos acuerdos: Dejamos de decir “el proceso” y todos decimos “la dictadura”. Incluso, últimamente, te miran mal si no le agregás “cívico militar”. De a poco, abandonamos palabras como “guerra sucia” o “subversión” y adoptamos el correcto “terrorismo de estado”. Pero todavía quedan muchas zonas convenientemente grises y nebulosas sobre las que se basan las transiciones democráticas, más o menos pacíficas, en todas partes del mundo. Respecto a la dictadura cabe preguntarse ¿logramos desenterrar los hechos o nos quedamos con la interpretación más conveniente? Y, si fuera la segunda opción, ¿conveniente para quién?.

El caso es que, mientras más se avanza desde otros discursos sociales, menos necesidad demuestran los autores en revisitar dicho periodo en sus obras, y pasamos de esa omnipresencia que se observaba en las historietas de los ochentas a que el tema de la dictadura tome a un lugar bastante relegado en las producciones actuales.

Por eso “¿Qué querés ser cuando seas grande?” es una obra que hoy sorprende por su excepcionalidad. Algunos considerarán que el tema reviste cierto anacronismo... que su conflicto carece de actualidad. Otros, viendo que en las últimas elecciones, varias plataformas siguen sosteniendo el modelo económico neoliberal que la dictadura impuso a sangre y fuego; que se reivindica una política policial de mano dura y gatillo fácil; que se aboga por el regreso del servicio militar obligatorio e incluso uno de los candidatos a presidente es un militar retirado que se levantó en armas contra la democracia en dos oportunidades... Otros, digo, considerarán oportuno revisitar esos momentos oscuros de nuestra historia reciente que algunos parecen haber olvidado.

La obra, tratando de no spoilear.
Marcelo Pulido, editor y guionista de todas las historias que conforman este volumen, encontró una respuesta a cada una de las decisiones estéticas que plantea el abordaje del tema de nuestra última dictadura militar. Y como suele pasar con los artistas honestos, cada una de esas respuestas es su respuesta.

La primera decisión estética llega por el lado de la diversidad. El libro tiene una unidad y un fuerte sentido de cohesión pero a la vez es un caleidoscopio de voces y perspectivas. Nueve autores distintos: Dante Ginevra, Lauri Fernández, JOK, Marcos Vergara, Sergio Ibáñez, Ian Debiase, José Massaroli, Fabián Mezquita y Ezequiel Rosingana abordan la faz gráfica del volumen, dándole a cada relato un estilo y una impronta diferente y personal.

La segunda decisión estética la aporta el silencio. Varias historias son mudas y creo que el tomo en su totalidad tiene menos texto que una página de Oesterheld. Hay pocos diálogos y la mayoría son irrelevantes y cotidianos. Pulido defrauda voluntariamente el horizonte de expectativas de un lector ingenuo que esperaría palabras cargadas de dramatismo en consonancia con las tragedias que se vislumbran y solo encuentra personas comunes que se saludan al cruzarse por la calle o al salir de la oficina. Esas pocas palabras no parecen estar allí para revelar la realidad sino para darle una sombra de cotidianidad detrás de la cual ocultarse... y para hacer que en su ausencia, el silencio resulte todavía más asfixiante. Ese silencio que pesaba como una cortina de plomo sobre la sociedad argentina llega a convertirse en protagonista de alguna de las historias como ocurre en el penúltimo relato.

Recién hablábamos de las personas comunes y creo que esa es otra de las grandes elecciones estéticas de la obra. La forma en que se muestran a las personas que participaron de hechos tan aberrantes siempre es una decisión arriesgada. Construir el personaje de un represor como un avatar de inhumanidad absoluta puede ser tranquilizador, porque lo coloca fuera de la realidad del lector. No tiene nada que ver conmigo ni con nadie que yo conozca. No es realmente una persona sino un monstruo. Es una alteridad radical. No necesito ni siquiera intentar entenderlo.

El problema de esta opción es que resulta falaz. Esos seres capaces de las mayores perversidades eran humanos. De mierda... pero humanos. Tenían madre, familia, frustraciones, sueños. Y eso nos interpela, nos jode, nos problematiza porque nos muestra que más allá de nuestras diferencias radicales, también existen coincidencias.

”¿Qué querés ser cuando seas grande?” recorre un amplio espectro de personajes, desde el torturador hasta la madre de plaza de mayo, pasando por una gama muy variada de testigos a los que el azar puso en contacto con diferentes formas del horror. Y todos esos personajes son abordados desde una profunda humanidad.

La cuarta elección estética está en una ausencia. Porque entre toda esa diversidad de personajes que protagonizan los relatos, faltan las víctimas. Las víctimas irrumpen en el relato en imágenes fugaces. Son cuerpos arrojados o devueltos del mar, tiros que se escuchan en la casa de enfrente, un hombre y una mujer atados a los que vemos apenas por una viñeta mientras el resto del país sigue la final de la copa del mundo. Los desaparecidos están en todas partes y en ninguna. No protagonizan ningún relato porque la característica que los define es justamente la ausencia. Y sin embargo están en todos como lo que son: una dolorosa cicatriz en nuestra sociedad.

Pulido y Massaroli cuando preparaban El Manuscrito, la anterior obra del remarcable guionista y editor

Por último, dado que empezamos este análisis con una cita de Theodor Adorno, quiero (para devolver el balance al universo) cerrarla con otra de su viejo antagonista György Lukács:

“De un libro me interesa siempre si lo que en él se dice, no hubiera sido posible relatarlo de la misma forma en un reportaje, si se plantean cuestiones o se resuelven problemas en un nivel realmente artístico y no en las dimensiones de la sociología”

 Creo que esta es la elección definitiva de la obra: la de no renunciar a la intención estética a pesar de lo terrible del asunto. Demostrar que, a pesar del epígrafe, necesitamos seguir haciendo arte después del horror.
Facundo Vázquez

martes, 17 de octubre de 2017

El Manuscrito en la Noche de Banda Dibujada

Como ya es tradicional, se realizó este año una nueva noche de homenaje (esta vez al gran gran Carlos Vogt), entrega de premios, encuentros y emociones a granel en una de esos eventos inolvidables a los que el grupo Banda Dibujada y la Alianza Francesa de Buenos Aires nos tienen acostumbrados. Fue el miércoles 4 de Octubre, en la Alianza Francesa, casa central, en la avenida Córdoba al 900.


Esta vez, además de los enumerados, teníamos dos importantes motivos más para asistir.
 Los miembros del jurado que decidió a quiénes correspondían los premios por los libros publicados el año pasado.

Como siempre, la animada y emotiva ceremonia se llevó a cabo a sala llena

Uno de esos motivos fue acompañar a los compañeros del grupo Rebrote, Marcelo Bukavec y Felipe Ávila, que se hicieron acreedores al premio al mejor libro de historia del género, y que versó sobre nuestra muy querida Martha Barnes


Con los amigos Gaspar González y Osvaldo Crespo


El segundo motivo, fue recibir junto con Marcelo Pulido, guionista y editor de nuestro libro  El Manuscrito, una Mención Especial por el contenido y significado de la obra, vista como un sentido homenaje al inmenso guionista Héctor Germán Oesterheld, autor de El Eternauta, en el cual está basada nuestra historieta. Historieteca y Doedytores, los editores, también se hicieron acreedores al reconocimiento.

El Jurado explica los motivos de la mención


Habla Marcelo Pulido, quien señaló la ejemplar actituid de Oesterheld ante el momento que vivia el país en los '70, que lo llevó a "poner el cuerpo" en defensa de sus ideales hasta, finalmente, perder la vida a manos de la Dictadura genocida.



 Luego es mi turno. Las palabras de Marcelo me sacaron del "libreto" que tenía pensado y sólo atiné a recordar que hace 40 años los argentinos venimos preguntando "Dónde está Oesterheld", sin respuesta, y que desgraciadamente, desde hace más de dos meses nos hemos visto obligados de nuevo a preguntar "Dónde está Santiago Maldonado". Un nuevo desaparecido, sólo que esta vez en democracia. El público presente acompañó calurosamente estas palabras lo que deja a las claras que este reclamo le pertenece a toda la sociedad.



Con Daniel Ferullo, Robin Wood, Ávila, Martha Barnes, Bukavec y Armando Fernández

Ferullo, autor de un impactante libro sobre Carlos Vogt,  junto al guionista de sus grandes éxitos Mi Novia y Yo y Pepe Sánchez, el gran Robin Wood, Martha Barnes y Massaroli 


Bukavec, Martha y el periodista Alberto Scholiadis

¡García Ferré presente!: Natalio Zirulnik, Clemente Montag y Massaroli

 El grupo Woodiana, de fiesta: Ávila, Javier Rago y Ariel Avilez

Con el excelente guionista y brillante animador del evento, Luciano Saracino 

Con otro grande, también ganador de un premio por su libro con Carlos Trillo: Viejos Canallas
: Cacho Mandrafina

Con los humoristas Silvio Daniel Kiko, Maicas y Alen Ygenas

Con otro de los premiados: el amigo y compañero de La Duendes, Diego Avallay

 Con César Da Col, Diego Garavano y Javier Suppa


Muchos dibujantes se hicieron eco del reclamo por la aparición de Santiago Maldonado, como lo demuestran estos dibujos que se exhibieron en la sala.

Agradezco especialmente a Geo Comics, a Morgan Studios y al amigo Javier Rago por las excelentes fotos que me facilitaron generosamente para ilustrar esta nota.


Este reconocimiento, tanto a mi trabajo como al de Marcelo Pulido, por parte de los miembros del Jurado y los integrantes de Banda Dibujada nos llena de orgullo y emoción y nos compromete a seguir en esta senda. Esta significativa Mención Especial nos confirma que estamos en el camino correcto con nuestro trabajo: hablar de las cosas que nos pasaron y nos pasan, en clave de historieta, sí, pero con fundamento, como decía el eterno Martín Fierro.
¡Muchísimas gracias!
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