Mostrando entradas con la etiqueta Quino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Quino. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de septiembre de 2021

Domingo 26 de Septiembre de 1971. Diario de la Aventura

 "Las cosas parecen estabilizarse en Buenos Aires. Mami está más tranquila; yo, en el trabajo, voy bien; me falta poco para los 19. Mami ya cumplió años. Hoy los festejamos los dos. Vinieron los parientes. Ayer fue el traslado de los restos de Papi. Incendio en la Academia. Compré la flauta. Posibilidad en La Gaceta de La Boca. ¡Adelante! ¡Hacia el futuro!"

    
    Mi padre había muerto en 1965, cuando yo tenía apenas doce años. Todo fue muy difícil desde entonces, y tal vez el dibujo de historietas fue el refugio que encontré ante un mundo que se me había vuelto extraño de repente. Tal vez el traslado de su ataúd desde la bóveda de los Silva, donde nos habían prestado un espacio, a un nicho propio, fue una señal de que las cosas empezarían a encaminarse... o no, pero de pronto se me ocurre que nada es casual.
 
    Así fue que, luego del pesimismo casi absoluto de mi anotación anterior, vino este período de armonía, de aceptación, por parte de mi madre, de la posición que yo había "conquistado" en Buenos Aires, y cierta calma empezó a regir mis días. Se acercaba la primavera, por lo tanto, todo renacía.


    En algún momento volvía visitar a Quino. Tenía que devolverle sus revistas Mad, a las que había escudriñado a fondo. Eran todos grandes dibujantes y el que más me gustó (y lo copié, tratando de imitarlo) fue Mort Drucker, gran historietista y caricaturista, una de las estrellas de la famosa revista.

     Quino me recibió con la mima cordialidad, atención y paciencia de la vez pasada. El tiempo se llevó lo que hablamos , pero recuerdo que al irme me señaló el saco de corderoy marrón clarito que yo llevaba y me dijo con una sonrisa algo así como "Lindo saquito, eh!". Con ese saco me había venido de Ramallo, había vendido Curitas casa por casa, lo tenía puesto cuando me presenté en Alfa Hogar para pedir trabajo y con él asistía al IDA. ¨¡Cómo no recordar con cariño y para siempre aquel simpático comentario del maestro! 

domingo, 12 de septiembre de 2021

Domingo 12 de Septiembre. Diario de la Aventura

     "Nada. Nada. Nada. Llanto. Mami. Nervios. María Luján. Indecisión. Yo. ¡Al demonio!


    ¿A qué recordar aquellos dias tan difíciles para un pibe de 18 años que tenía que soportar un baño de angustia cada vez que regresaba a su hogar, cada quince días, y además enfrentar una dura vida en Buenos Aires, viviendo en un hotel, trabajando en algo que no le interesaba, sin amigos ni ayuda, salvo la hospitalidad de mis tías Flora y Chinda, que cada tanto me recibían un domingo en sus casa del Conurbano? Sólo el espacio que había encontrado en la clase de Borisoff en el IDA, donde me sentia en mi lugar y aprendía cada día el nombre de un músculo nuevo, una nueva forma de usar el pincel  la pluma o de interpretar una figura viva con un lápiz, un papel y un tablero, me reconfortaba y me daba ánimo para seguir resistiendo con la esperanza de que el tiempo me a la larga daría una mano.


    Mi primer visita al departamento de Quino fue con el objeto de agradecerle sus consejos por carta, mostrarle mis dibujos y pedirle consejo. Ya tomar el subte A y bajarme en la estación Castro Barros y caminar hasta el 400 ó 600 de esa calle era toda una aventura, dado mi desconocimiento de la gran ciudad. 

    Era un departamento cálido, amplio. Quino me recibió en una elegante sala de estar y no tardó en solicitarme que le mostrara los dibujos que yo llevaba en mi carpeta: algunas de las historietas que yo dibujaba en Ramallo y dibujos de las clases de Borisoff. Logró encontrar algo que elogiar en aquellos trabajos de principiante y no dejó de aconsejarme que siguiera en la brecha, que no aflojara. Más allá de mi vista, se oía la voz de quien adiviné sería su esposa, conversando con otra mujer.


    En algún momento le comenté que escuchaba a Julio Sosa en la radio y eso nos llevó a hablar un pc de tango. Encontramos que teníamos en común el desarraigo del provinciano en la gran urbe, y que el tango nos daba un eco reconfortante de aquella tristeza hecha de ausencias y lejanías.

    Finalmente tuvo la generosidad de prestarme varias revistas Mad, norteamericanas, ya que había visto mi decidida preferencia por el dibujo humorístico. Me serían muy útiles como modelo de trabajo profesional, y me sentí muy contento por su buena voluntad. Estas cosas eran las que me daban fuerza para seguir adelante pese a todo lo demás.

domingo, 1 de agosto de 2021

Domingo 1 de Agosto. Diario de la Aventura

    "Todo sigue sin decidirse. Indefinido. Mami hace gestiones para que yo entre en el banco. Ayer hubo balance en Alfa; y asado... ¿Qué pasará? Dios lo sabrá..." 


    La brevedad de la anotación habla de lo angustiosa situación en que me encontraba, que ni siquiera me permitía escribir. La presión para que dejara todo y volviera a Ramallo era muy grande. ¿Cómo me sostenía...? Bueno, me aferraba a los logros, pequeños pero significativos, que iba consiguiendo: un trabajo estable, las dos clases semanales en el IDA, la vida en el hotel no era lo que se dice placentera pero me iba acostumbrando. Mi compañero de pieza, el tucumano Arias era tranquilo y amistoso; trabajaba de sereno cerca del hotel, de manera que no nos superponíamos mucho: cuando él andaba en la pieza, yo estaba trabajando o estudiando, y cuando estaba yo, a la noche, él se iba a su trabajo. Todo esto jugaba a favor, pero al mismo tiempo cada viaje a Ramallo me reflotaba la tensión  y la incertidumbre al ver el estado de mi madre, cada vez más ansiosa y preocupada, y yo volvía a Buenos Aires aliviado por un lado pero cargando  con una angustia cada vez más grande.


De aquellos días tengo que recordar especialmente las dos o tres visitas que hjce al domicilio de Quino, el genial humorista que tuvo el gesto de aconsejarme por carta el año anterior, y que no vaciló en recibirme en su departamento de la calle Medrano cuando sentí la necesidad de ir a agradecerle su atención  y a pedirle consejo, que buena falta me hacía.  En la próxima nota contaré en detalle cómo fueron aquellos encuentros tan importantes para mí.

martes, 10 de noviembre de 2020

Recordando a Quino en el Día del Dibujante

El pasado 30 de Septiembre nos dejó para siempre el tan querido y admirado Quino, a los 88 años.

 

 Ya todo el mundo lo ha llorado, recordado y homenajeado, recorrido su obra y su vida hasta que no queda prácticamente nada nuevo que decir sobre este maravilloso artista, uno de los más grandes humoristas y dibujantes no sólo del país sino del mundo entero. 

 

Pero quiero detenerme en una pequeña coincidencia, tal vez sólo significativa para mí mismo; pero que no puedo soslayar: ese día, el 30 de Septiembre,  es el de mi cumpleaños.  No tendría ninguna importancia, si no fuera por el hecho de que Quino influyó de manera decisiva en mi carrera, y por lo tanto, en mi vida. Lo cual me lleva a pensar y pensar, sin haber llegado a una respuesta hasta ahora, pero con la seguridad de que algo hay para mí en esa rara coincidencia; un mensaje, una muestra de alguna oculta sincronicidad, al decir de Carl Jung. 

 

Mientras sigo tratando de develar este misterio, reproduzco aquí a manera de homenaje al Maestro, la nota que le dediqué otro Día del Dibujante, como hoy, hace siete años, en este mismo blog; una de las últimas veces que tuve el gusto de verlo con vida. En esta nota cuento de qué manera Quino me ayudó a dar mis priimeros pasos en el mundo del dibujo, tal vez los más importantes.

 

Para Quino, en el Día del Dibujante


Hoy, 10 de noviembre, celebramos una vez más el Día del Dibujante, una fecha cuyo origen se pierde en la primera mitad del siglo XX.  Quiero dedicar esta nota al primer dibujante que me recibió en su casa cuando llegué a Buenos Aires, con 18 años de edad y más ilusiones que destreza, más entusiasmo que conocimiento, desde mi pueblo natal (¡ahora es ciudad!), Villa Ramallo. Hace poco este dibujante y humorista sin igual cumplió 80 años. Sus dibujos recorren el mundo. Su nombre es Joaquín Lavado, más conocido por su seudónimo: Quino.
 
 
 Primer año en la escuela de Comercio de Villa Ramallo, cuando ya dibujaba hasta en el pupitre de madera, pero no sospechaba lo que me esperaba!

 Usted, Quino, ya era famoso en aquel año 1970, con su Mafalda revolucionando la forma de hacer humor en tiras, cuando yo cursaba el quinto año del colegio comercial. Más era lo que yo dibujaba que lo que estudiaba. Historietas, claro. Soñaba con triunfar en Buenos Aires, pero no tenía una idea clara de cómo hacerlo. Fue entonces que alguien se preocupó por mi futuro. La joven bibliotecaria del colegio, Silvia Di Bacco, no dejó de notar con qué ganas dibujaba yo en el pizarrón a pedido de la maestra alguna escena histórica, y se le ocurrió mandarle mis dibujos nada menos que a la primera figura del momento y pedirle que me aconsejara. Más de una vez, ya que usted, maestro, andaba por Italia en ese entonces. A la tercera carta, donde ya casi le tiraba la bronca, llegó la  respuesta. ¡Nunca podré agradecele bastante a Silvia este generoso gesto!

Fines de 1970. Silvia me despide del Colegio Comercial. El Futuro espera...

Su respuesta, maestro, no se hizo esperar: Que estudiara Bellas Artes, que no hiciera como usted, que empezó y dejó, y si no, que fuera a IDA, donde Breccia, Pereyra y Borissof, Famosos Artistas que habían formado parte de la Escuela Panamericana de Arte, daban clases. Me tentó mucho más la segunda opción. En las vacaciones de invierno me escapé a la gran ciudad y visité el local que alquilaba IDA en Florida al '700. Nunca olvidaré la escalinata que llevaba a un lujoso primer piso. Alli me atendió el mismísimo Alberto Breccia, quien, tras ver mis dibujos sólo dijo "¡Métale!" Y para mí fue suficiente.


Algo cambió en los meses que siguieron. Yo venía dibujando una página por día, religiosamene, de una historieta y otra y otra... siempre dentro de los límites de la historieta humorpistica infantil, como yo habia estudiado por correo en las lecciones de la Continental School. Patoruzú, Hijitus, Arturito el Justiciero, eran mis modelos. Hasta que Silvia, para mostrarme quién era Quino, me prestó un libro de Mafalda, uno de los primeros. Y todo cambió: me di cuenta que se podía hacer historieta de otra manera, expresando ideas, una visión personal del mundo, algo más que hacer reir. Por eso, usted fue mi maestro desde ese entonces aunque nunca lo supo. La última historieta que dibujé en Ramallo antes de venir a Buenos Aires, mostraba ya esos cambios: los personajes se movían en escenarios reales, actuales, entre secuestros, ambiciones y dilemas existenciales. La semilla estaba sembrada.


Al año siguiente, en marzo del '71, desembarqué en la capital y una de las primeras cosas que hice fue visitarlo, Quino, en su departamento de la calle Medrano. Usted  vio mis dibujos, fue muy amable y paciente, me prestó varias revistas Mad y me alentó a seguir adelante. Volví después de un tiempo, cuando ya estaba trabajando para pagar una habitación en un hotel, las cuotas de IDA , que se había mudado a la Galería Guemes y ya no contaba con la presencia de Breccia, y comer algo con lo que sobraba. Le devolví las revistas. usted, generosamente, encontró avances en mis trabajos, hablamos del tango, sobre todo de Julio Sosa... al despedirme, sin sospechar que era por mucho tiempo, me elogió el saquito de corderoy marrón claro que era mi uniforme en aquella época de escasez... curioso las cosas que uno recuerda y cuántas que habré olvidado, seguramente!. Pero creeo que lo que más me ayudó, fue su generosidad de brindarme algo de su valioso tiempo, el mostrarme que no era un semidios sino un tipo sencillo, tranquilo, casi común, de pocas palabras, anteojos, ya medio calvo, que podía atenderme en el living de su departamento mientras en otra habitación su mujer hablaba de cosas cotidianas con una amiga o vecina. Todo eso me dio un espaldarazo anímico muy importante. Uno de los primeros personajes que creé se llamba Rosita, sospechosamente parecida a Mafalda...

El Hotel Unión, donde pasé los primeros años en la gran ciudad

 

Pasaron muchos años. Curiosamente, nuestros caminos prácticamente no se cruzaron, salvo un par de coincidencias fugaces que no nos permitieron el diálogo. Supongo que usted ya me había olvidado, habiendo sufrido el asedio de miles de admiradores y principiantes como yo a o largo de todo ese tiempo. Y sin embargo, yo sentía que le debía una palabra de agradecimiento, por lo menos.

Con Mafalda en 2009, otro Día del dibujante como hoy, en la esquina donde nació: Chile y Defensa.

Por eso, cuando asistí a la inauguración de la muestra de Oski, hará un mes, con la certeza de que usted iba a estar y decir unas palabras junto con el curador de la muestra, mi amigo Miguel Rep, supe que el momento había llegado. No era fácil, sin embargo, porque la gente lo rodeaba, se disputaba su  proximidad, como siempre, pero finalmente logré que Miguel, con el que usted mantiene una amistad profunda, nos juntara para sacarnos unas fotos.Algo le dije pero entre mi timidez y la suya, proverbial, creo que sólo conseguí marearlo un poco más. Tenía la foto al menos, pero algo me faltaba...


Desde que publiqué mi primer libro, en 1997, con un personaje propio, Orquídeo Maidana, tuve la intención de llevarle un ejemplar, de dedicárselo, de dejarle en sus manos ese testimonio de que sus consejos habían dado algún fruto, que aquel chico al que usted orientó sin conocerlo, por carta, había dedicado su vida al dibujo... como usted, maestro!. Era como decirle: "Aquí estoy. Lo conseguí, soy un dibujante, ésta es mi obra!". a la semana siguiente tuve una nueva oportunidad, cuando se inauguró la muestra de Calé en la Biblioteca Nacional. Allí fui con la reedición de aquel libro, corregida y aumentada, publicada por La Duendes en 2012... ¡y dedicada de puño y letra!


Bueno, ¡ya está! Quino: usted tiene mi libro. Y yo tengo el grato recuerdo de este momento en que el alumno al fin le pudo dar las gracias al Guía, al Mentor, al Maestro. Al Dibujante. tal vez el más grande de los creadores del humor gráfico en la Argentina y el mundo. El padre de Mafalda... no hace falta decir nada más... ¿o sí?...

 Una pena enorme, recuerdos imprecederos que me aconpañarán por siempre, una admiración sin límites y un afecto intraducible en palabras, es lo que puedo consignar en esta despedida al hombre. No a su obra, que por suerte para los argentinos, será siempre parte fundamental de nuestra cultura , de la cultura de la Patria Grande y de la humandiad.

¡Gracias por tanto, querido Quino!

 

la nota original puede verse en esta página:  

 http://jose-massaroli.blogspot.com/2013/11/para-quino-en-el-dia-del-dibujante.html

lunes, 12 de octubre de 2015

Postales de Comicópolis 2015

 Entre el 17 y el 20 de Septiembre se desarrolló en Tecnópolis el tercer festival de historietas Comicópolis, superando una vez más el impacto de los anteriores, convirtiéndose ya sin dudas en el máximo festival internacional de su tipo en la región.




Habiendo obtenido un espacio para mis libros en un puesto de la editorial La Duendes atyendido por el guionista Oenlao y otro de Conejo Blanco atendido por su propio dueño, Gustavo Lucero, no podía faltar al magnífico evento. Por otra parte, los votos del público me habían hecho acreedor a un puesto en el Combate de los Dibujantes, que transcurrió durante los 4 días de Comicópolis, así que mi presencia era obligada. Los acaeceres de los combates ya los conté en una nota anterior: http://jose-massaroli.blogspot.com.ar/2015/09/el-combate-de-los-dibujantes-en.html

  Dos de los hinchas "de fierro" que tuve en los combates: Leo Arias y Juan Rozz

 Enorme trabajo de Arias junto al querido personaje de Fola: Cachirula

Con los viejos compañeros de Columba. Carlos Pedrazzini y Sergio Ibáñez

 Con Julián Bracco, el gran artista y educador tucumano César Carrizo y Claudio Pereyra (Peré), junto al puesto de Épica, el grupo creador del notable juego sobre El Combate de San Lorenzo.

Con el amigo y colega Smilton Roa Klaasen

 Atendiendo nuestro puesto con Oenlao

 Un dibujo de mi amigo Raúl Barbero en la muestra de Minas...

 El cosplay no puede faltar en un evento de esta magnitud

Después de muchos años, reencuentro con Oscar Fernández (Ferny)

Con el amigo guionista Jorge Morhain y el dibujante Diego Ridao

 Cosplay... cosplay...!

Con el gran prologuista y amigo Ariel Avilez, en su habitual trinchera de Historietas Argentinas

 En el ṕuesto de Conejo Blanco, con Gustavo Lucero

 Con el director del Museo del Humor, Hugo Maradei, y el colega y amigo Iván Franco

 Wordless, el interesante espectáculo montado por Art Síegelman, con dibujos, música en vivo y relato

 Con el  invitado "estrella", Art Spiegelman, autor del célebre Maus
 
 Emocionante encuentro con el querido Quino, el Más Grande

 
Con Roberto Fontana, dibujante del grupo marplatense Salamanca, autor de varios excelentes libros de historieta nacional

 Con el humorista gráfico conocido como Claw, responsable del enmarcado de las obras exhibidas en la muestra Minas

Con Sonia Olmo, Iván Franco, Oenlao y Peré, en el puesto de la revista A Tiza y Carbón, de la gente de la librería Lipi-Bropos, debutando en Comicópolis y muy contentos por la repercusión obtenida.

 ¡Chau, Comicópolis, hasta el año que viene...!
 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Para Quino, en el Día del Dibujante


Hoy, 10 de noviembre, celebramos una vez más el Día del Dibujante, una fecha cuyo origen se pierde en la primera mitad del siglo XX.  Quiero dedicar esta nota al primer dibujante que me recibió en su casa cuando llegué a Buenos Aires, con 18 años de edad y más ilusiones que destreza, más entusiasmo que conocimiento, desde mi pueblo natal (¡ahora es ciudad!), Villa Ramallo. Hace poco este dibujante y humorista sin igual cumplió 80 años. Sus dibujos recorren el mundo. Su nombre es Joaquín Lavado, más conocido por su seudónimo: Quino.
 
 Primer año en la escuela de Comercio de Villa Ramallo, cuando ya dibujaba hasta en el pupitre de madera, pero no sospechaba lo que me esperaba!

 Usted, Quino, ya era famoso en aquel año 1970, con su Mafalda revolucionando la forma de hacer humor en tiras, cuando yo cursaba el quinto año del colegio comercial. Más era lo que yo dibujaba que lo que estudiaba. Historietas, claro. Soñaba con triunfar en Buenos Aires, pero no tenía una idea clara de cómo hacerlo. Fue entonces que alguien se preocupó por mi futuro. La joven bibliotecaria del colegio, Silvia Di Bacco, no dejó de notar con qué ganas dibujaba yo en el pizarrón a pedido de la maestra alguna escena histórica, y se le ocurrió mandarle mis dibujos nada menos que a la primera figura del momento y pedirle que me aconsejara. Más de una vez, ya que usted, maestro, andaba por Italia en ese entonces. A la tercera carta, donde ya casi le tiraba la bronca, llegó la  respuesta. ¡Nunca podré agradecele bastante a Silvia este generoso gesto!

Fines de 1970. Silvia me despide del Colegio Comercial. El Futuro espera...

Su respuesta, maestro, no se hizo esperar: Que estudiara Bellas Artes, que no hiciera como usted, que empezó y dejó, y si no, que fuera a IDA, donde Breccia, Pereyra y Borissof, Famosos Artistas que habían formado parte de la Escuela Panamericana de Arte, daban clases. Me tentó mucho más la segunda opción. En las vacaciones de invierno me escapé a la gran ciudad y visité el local que alquilaba IDA en Florida al '700. Nunca olvidaré la escalinata que llevaba a un lujoso primer piso. Alli me atendió el mismísimo Alberto Breccia, quien, tras ver mis dibujos sólo dijo "¡Métale!" Y para mí fue suficiente.


Algo cambió en los meses que siguieron. Yo venía dibujando una página por día, religiosamene, de una historieta y otra y otra... siempre dentro de los límites de la historieta humorpistica infantil, como yo habia estudiado por correo en las lecciones de la Continental School. Patoruzú, Hijitus, Arturito el Justiciero, eran mis modelos. Hasta que Silvia, para mostrarme quién era Quino, me prestó un libro de Mafalda, uno de los primeros. Y todo cambió: me di cuenta que se podía hacer historieta de otra manera, expresando ideas, una visión personal del mundo, algo más que hacer reir. Por eso, usted fue mi maestro desde ese entonces aunque nunca lo supo. La última historieta que dibujé en Ramallo antes de venir a Buenos Aires, mostraba ya esos cambios: los personajes se movían en escenarios reales, actuales, entre secuestros, ambiciones y dilemas existenciales. La semilla estaba sembrada.


Al año siguiente, en marzo del '71, desembarqué en la capital y una de las primeras cosas que hice fue visitarlo, Quino, en su departamento de la calle Medrano. Usted  vio mis dibujos, fue muy amable y paciente, me prestó varias revistas Mad y me alentó a seguir adelante. Volví después de un tiempo, cuando ya estaba trabajando para pagar una habitación en un hotel, las cuotas de IDA , que se había mudado a la Galería Guemes y ya no contaba con la presencia de Breccia, y comer algo con lo que sobraba. Le devolví las revistas. usted, generosamente, encontró avances en mis trabajos, hablamos del tango, sobre todo de Julio Sosa... al despedirme, sin sospechar que era por mucho tiempo, me elogió el saquito de corderoy marrón claro que era mi uniforme en aquella época de escasez... curioso las cosas que uno recuerda y cuántas que habré olvidado, seguramente!. Pero creeo que lo que más me ayudó, fue su generosidad de brindarme algo de su valioso tiempo, el mostrarme que no era un semidios sino un tipo sencillo, tranquilo, casi común, de pocas palabras, anteojos, ya medio calvo, que podía atenderme en el living de su departamento mientras en otra habitación su mujer hablaba de cosas cotidianas con una amiga o vecina. Todo eso me dio un espaldarazo anímico muy importante. Uno de los primeros personajes que creé se llamba Rosita, sospechosamente parecida a Mafalda...

El Hotel Unión, donde pasé los primeros años en la gran ciudad

 

Pasaron muchos años. Curiosamente, nuestros caminos prácticamente no se cruzaron, salvo un par de coincidencias fugaces que no nos permitieron el diálogo. Supongo que usted ya me había olvidado, habiendo sufrido el asedio de miles de admiradores y principiantes como yo a o largo de todo ese tiempo. Y sin embargo, yo sentía que le debía una palabra de agradecimiento, por lo menos.

Con Mafalda en 2009, otro Día del dibujante como hoy, en la esquina donde nació: Chile y Defensa.

Por eso, cuando asistí a la inauguración de la muestra de Oski, hará un mes, con la certeza de que usted iba a estar y decir unas palabras junto con el curador de la muestra, mi amigo Miguel Rep, supe que el momento había llegado. No era fácil, sin embargo, porque la gente lo rodeaba, se disputaba su  proximidad, como siempre, pero finalmente logré que Miguel, con el que usted mantiene una amistad profunda, nos juntara para sacarnos unas fotos.Algo le dije pero entre mi timidez y la suya, proverbial, creo que sólo conseguí marearlo un poco más. Tenía la foto al menos, pero algo me faltaba...


Desde que publiqué mi primer libro, en 1997, con un personaje propio, Orquídeo Maidana, tuve la intención de llevarle un ejemplar, de dedicárselo, de dejarle en sus manos ese testimonio de que sus consejos habían dado algún fruto, que aquel chico al que usted orientó sin conocerlo, por carta, había dedicado su vida al dibujo... como usted, maestro!. Era como decirle: "Aquí estoy. Lo conseguí, soy un dibujante, ésta es mi obra!". a la semana siguiente tuve una nueva oportunidad, cuando se inauguró la muestra de Calé en la Biblioteca Nacional. Allí fui con la reedición de aquel libro, corregida y aumentada, publicada por La Duendes en 2012... ¡y dedicada de puño y letra!


Bueno, ¡ya está! Quino: usted tiene mi libro. Y yo tengo el grato recuerdo de este momento en que el alumno al fin le pudo dar las gracias al Guía, al Mentor, al Maestro. Al Dibujante. tal vez el más grande de los creadores del humor gráfico en la Argentina y el mundo. El padre de Mafalda... no hace falta decir nada más... ¿o sí?...

 ¡¡¡FELIZ DÍA, QUERIDO QUINO!!!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...