¡¡Juan Moreira!!

Juan Moreira, legendario personaje gauchesco inmortalizado por Eduardo Gutiérrez en el folletín que apareció originalmente en el diario La Patria Argentina en 1879-80, fue llevado a la historieta por el dibujante argentino José Massaroli para el diario La Voz entre octubre de 1983 y febrero de 1984.

Massaroli dibujando el final de Juan Moreira en el Estudio Géminis, a comienzos de 1984

Difundida esta novela gráfica completa en internet durante 2009 por el grupo editor La Duendes en su blog Historieta Patagónica, ante el interés suscitado en los numerosos visitantes de dicho blog, se decidió imprimir y publicar el libro en 2010.

Massaroli con Andrés valenzuela, Hernán Brienza y Felipe Ávila en la Biblioteca Nacional, observados por Francisco Solano López
Fue presentado ante un considerable público en:
  • la Biblioteca Nacional el 3 de agosto;
  • la Expo-Comic '10 de Santiago de Chile, ese mismo mes;
  • la Biblioteca Capponi de Lobos el 2 de octubre.
  • el Encuentro Dibujantes 2010 en Rosario, el 17 de octubre.
  • el Museo de la Reconquista en Tigre, el 27 de noviembre.
  • la Biblioteca Julio Serebrinsky de Concordia, Entre Ríos, el 29 de abril de 2011 
  • la Feria del Libro de Ramallo , el 19 de agosto de 2011
  • la Primera Feria Distrital del Libro de Cañuelas, octubre de 2014, 

Tira de presentación del personaje, 1983

La obra, con un total de 116 páginas, incluye una presentación escrita por el escritor y dibujante Alejandro Aguado, conductor de La Duendes, y un prólogo del periodista Ariel Avilez, creador del sitio web Blancas Murallas, con el diseño gráfico a cargo de Keki.


Prólogo de Alejandro Aguado

Desde que se extinguió la legendaria editorial Columba en el año 2001, tras setenta años de vida, el género del gauchesco dejó de tener presencia en la historieta argentina.
Las primeras historietas publicadas, propiamente dichas del género del gauchesco, un género netamente argentino, aunque emparentado con el western, se remontan a la década del 30. El personaje inaugural fue “Cirilo, el audaz”, de Rapela. El género nació del cruce del mito literario del gaucho, de la historia, de las costumbres y paisajes rurales, de un país en que el grueso de su población pertenecía al ámbito rural. Pero el país cambió, la distribución se modificó y en la actualidad la población se concentra en las urbes. Se sabe que en las grandes urbes la relación con la tierra se restringe a patios, plazas, paseos y canteros. El gaucho es hijo de la tierra, de campo abierto, nada más ajeno a la vida de la ciudad. En el caso de la historieta nacional, el campo y los gauchos pasaron al ámbito de los recuerdos, a conformar parte de su patrimonio histórico, de un género que durante décadas gozó de una enorme aceptación.
Tanto la literatura, como el cine y la historieta nos legaron grandes obras y personajes del gauchesco. Por citar algunos de los personajes más conocidos, de los nacidos en las viñetas: “El Huinca” y “Fabían Leyes” de Rapela, “Lindor Covas” de Walter Ciocca, “Nahuel Barros” de Oesteheld y Carlos Roume, “Patria Vieja” de Oesteheld, con Roume y Arancio en los dibujos, “Martín Toro” (autores varios, entre los que se destacaban los dibujos de Carlos Magallanes), “El Cabo Savino” creación de Casalla, “Pehuén Curá” (autores varios), “Capitán Camacho” de Alvarez Cao y Casalla, “El capitán Ontiveros” de Nella Castro y Juan Arancio. O “Inodoro Pereyra” de Fontanarrosa, y “El cacique Paja Brava” de Fabre y Tabaré, en el ámbito del humor gráfico. Sin olvidar las memorables ilustraciones de Molina Campos, sus caricaturizadas estampas camperas para los almanaques de Alpargatas. O las múltiples versiones escritas y dibujadas del clásico “Martín Fierro”. La genealogía, por supuesto, es más extensa que la citada.
Literatura, cine e historieta tienen un personaje en común: “Juan Moreira”, el hombre y el personaje, la historia real y la leyenda que se fue edificando y agigantando con el tiempo. ¿Qué argentino, adulto, que aprecie el cine, no recuerda la película Juan Moreira de Leonardo Favio?, por ejemplo.
La historieta también tiene sus versiones de “Juan Moreira” y la más reciente llegó de la mano del notable autor que es José Massaroli. No es casual, justamente, que el autor fue uno de los colaboradores de Columba, una de las editoriales que más difundió las aventuras y desventuras de los hombres que transitaron las pampas argentinas. El Moreira de Massaroli se publicó originalmente en 1983, en el diario La Voz.
En el año 2009 tuve la fortuna de poder entrevistar a Massaroli, conocer su gran trayectoria y parte de su versión de Juan Moreira. Bastó ver unas pocas tiras para caer en la cuenta de estar ante un gran trabajo, tanto por el planteamiento de la historia como por la notable calidad gráfica. No resistí la tentación: lo invité a mostrar ese trabajo en Historieta Patagónica y, afortunadamente para nosotros y los lectores, accedió.
Con ello, junto con “Chingolo” Casalla y su personaje “El Cabo Savino”, que publica a diario en formato tira en el diario patagónico Río Negro, fueron dos las historietas de gauchesco, extensas, que se publicaron en 2009 y parte del 2010 en el país. Para nosotros, un honor, contar con autor del nivel y trayectoria de Massaroli y aportar a que el género siga vivo.
En el “Juan Moreira” de Massaroli están todas las características del gauchesco: el poderoso que se abusa del hombre común, el gaucho que pasa a vivir al margen de la Ley, los hombres de poder que persiguen o usan a aquellos marginados según su conveniencia, las vestimentas y escenarios de época, los paisajes camperos, modos del habla de la época, etc. Pero su versión no se centra en el costumbrismo ni en el folclore, su historia está enfocada de modo que lo que se privilegia es el relato; característica fundamental del lenguaje de la historieta.
Su dibujo, realista, es vigoroso, de climas logrados con maestría en el manejo de luces y sombras, del contraste entre plenos negros y blancos, en el uso de las tramas. Es un dibujo que inserto en la página hace que el relato fluya, que a los lectores nos atrape. Las escenas de pelea son memorables, nos transmiten toda su intensidad y dramatismo. Del mismo modo, sentimos la pena y nostalgia que siente Moreira por la lejanía de su mujer e hijo.
Massaroli es de Buenos Aires, por mi parte vivo en Patagonia, y nos conocimos personalmente en un festival de historietas en Rosario. Él participó de una charla, en la que fue presentado como dibujante de historietas de Disney, lo cual es cierto. Pero también es cierto algo que aclaró para el público: “No sólo dibujo «patos», también dibujé gauchos y compadritos, historietas con temas bien argentinos”. Y por allí andaba con el libro de su personaje Orquideo Maidana, un compadrito muy querible que comparte sus viñetas con Gardel y Borges. Pero esa es otra historia (historieta), que también tenemos el honor de publicar en Historieta Patagónica.
Los dejo con esta gran obra, de un gran autor. Que la disfruten.


Prólogo de Ariel Avilez

EL MOREIRA DE MASSAROLI

Que se cumpla mi sino” solía decir el Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez cada vez que sin querer o queriendo se topaba con algún desgraciado que tenía la mala fortuna de albergar en sus carnes el filo de su mítica daga. Su sino era matar, su sino era sufrir, su sino era permanecer errante.
Pero forzando la reflexión hacia el lado de la difusión de sus hazañas, encontramos otro sino de Moreira: el de volver a las fuentes.
Las andanzas del héroe popular por antonomasia fueron capitalizadas por Eduardo Gutiérrez a pocos años de la muerte del indómito gaucho y transformadas en una novela que, obedeciendo a las normas de todo buen folletín, se publicó por entregas en un diario allá por fines de 1879, llegando de este modo con muchísima facilidad a un público masivo y heterogéneo que siguió, apasionado, las instancias de esta aventura convirtiéndola desde el vamos en un éxito. El resto es sabido: a la novela la sucedieron versiones para ser interpretadas por actores y se convirtió en pieza fundamental del teatro nacional; autores como Jorge Luis Borges y Dalmiro Sáenz, entre otros, dedicaron páginas de buena literatura para enriquecer la fama del gaucho; sin olvidar que décadas después el personaje protagonizó un buen par de películas, siendo la dirigida por Leonardo Favio la más recordada. Moreira había cubierto todos los frentes. O casi.
Faltando poco más de quince años para terminar el siglo XX -y sin contar esporádicas apariciones como ‘personaje invitado’- Juan Moreira no había hecho pata ancha en uno de los medios expresivos más importantes de la centuria, la historieta. Es ahí donde entra a tallar José Massaroli y el mentado sino de Moreira: el historietista -confeso amante del género gauchesco y de las historias de guapos y malevos- sentía desde hace años la necesidad de plasmar su visión del desventurado gaucho y en 1983 encontró la posibilidad de hacerlo... ¡y en un diario! A razón de una página por día, emulando la danza folletinesca de la edición original del Moreira de Gutiérrez que estaba adaptando magistralmente, Massaroli volvió a llevar al gran público –ese público masivo y heterogéneo del que hablábamos más arriba, que era otro pero que era el mismo- esta tragedia criolla.
Y muchas son las virtudes del Moreira de Massaroli, no siendo la menor el hecho de que si bien no reniega de su condición de adaptación, con naturalidad sabe despegarse del texto original para aprovechar las infinitas posibilidades que presenta el lenguaje historietístico. Resultan especialmente inolvidables las dinámicas escenas en las que el protagonista se carga al guapo o a la partida de turno. No se quedan atrás los pocos pero acertados pasajes en los que la Pampa absoluta gana con su omnipresencia y su silencio las viñetas en las que el gaucho se echa a descansar panza arriba o a meditar al tranco lento de su overo bayo. Pero el plato fuerte tal vez lo represente esa impagable galería de rostros de personajes secundarios que sorprenden a lo largo de todo el relato, rostros entre los que se reconocen y adivinan colegas y amigos del dibujante, pero que atraen especialmente por su particular expresividad: un gesto de sorpresa, una mirada de horror, un rictus de admiración; todo está en ellos y esa es una demostración cabal del oficio y el talento del artista.
Que se cumpla mi sino’ diría Moreira, y como no ha nacido quien se anime a contradecir al gaucho, aparece aquí providencialmente La Duendes Editora y reúne por fin en libro las páginas de Massaroli que hasta ahora descansaban en viejos diarios, así como alguna vez se reunieron para similar fin las páginas del folletín de Gutiérrez.
A leerlo, a atesorarlo y a recomendarlo. Aquí está Juan Moreira y todo está dicho



 

 

Tras una serie de muestras de originales y presentaciones en varias ciudades, entre ellas Santiago de Chile, Rosario, Lobos, Concordia, Ramallo, Coronel Suárez, Reconquista y Comodoro Rivadavia, el 4 de septiembre de 2013 se inaugura una muestra conmemorativa de los 30 años que cumple la historieta. Esta muestra, llevada a cabo en el Museo de Humor Gráfico Diógenes Taborda, fue declarada de Interés Cultural por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.