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domingo, 16 de agosto de 2026

Los bebés también tienen sus dibujos animados. Pipechau es uno de ellos

Les presento a Pipechau, una serie de dibujos animados realizados íntegramente con Inteligencia Artificial por alguien muy cercano a mí. 

 

Estos videos están dirigidos a los más chiquitos, prácticamente a los bebés, con el sano propósito de ayudarlos a emprender el camino de la vida junto a sus padres, hermanos y familia de una manera ágil y divertida.

    

 A mí me gustan mucho y por eso los recomiendo. 
Véan algunos (hay muchos más en el canal de Pipechau), y después me cuentan. 

lunes, 19 de junio de 2023

Natalio Zirulnik, un gran artista; un querido amigo

 Natalio Zirulnik. Uno de los mejores animadores de la Argentina, incansable dibujante, gran amante de la historieta, entrañable ser humano, una de las personas más nobles, buenas y generosas que he conocido y un amigo muy querido, ya no está entre nosotros. Me avisaron al día siguiente, que falleció el martes 6 de junio.

Para todos los que lo conocimos, siempre fue un enorme profesional y un ser humano excepcional, Lo conocí a los pocos días de entrar a trabajar en Producciones García Ferré. Él trabajaba en otro piso, y yo en una oficina grande, donde éramos unos cuantos. Uno de esos primeros días se abrió la puerta y se asomó una nariz., luego unos anteojos y finalmente Natalio estaba ahí, con su pulóver  y su eterna sonrisa, su ironía exquisita y su amor por la historieta, que no lo abandonó nunca. Enseguida sintonizamos. Natalio siempre quiso ser historietista y no nos cansábamos nunca de hablar de dibujantes, guionistas, revistas, cuadritos, papeles, plumas y todo lo que tuviera que ver con el Noveno Arte, Comenzamos por esos tiempos una charla que duró... ¡casi 50 años!

Un buen día se abrió la puerta de la sala grande donde trabajábamos algunos integrantes de los equipos que hacíamos las historietas de Hijitus y Larguirucho, y apareció un flaco de pelo enrulado anteojos y nariz insoslayable. Nervioso, de hablar grave pero rápido, siempre con una semisonrisa, un chiste o una ironía , producia una confianza inmediata. Enseguida lo sentí mi amigo. Cuando empezamos a hablar de historieta no teníamos dónde parar, ya que Natalio era un verdadero amante y conocedor del noveno arte. Lo recuerdo irrumpiendo en aquella oficina imitando las poses exageradas del Tarzán de Hogarth, sobre el que debatían largo y tendido con Santiago Scalabroni, otro gran amigo, que había ingresado un mes después que yo.
No tengo fotos de Natalio de los tiempos en que trabajamos en García Ferré, ni tampoco en el estudio Jaime Díaz. Por aquellos tiempos no se sacaban tantas fotos como ahora, lamentablemente. Aquí vemos a un Natalio más joven que en las restantes fotos, junto a otro gran profesional y amigo, Alberto Grisolía.

Cuando llegó el momento de irme de la empresa, en 1975, sabía que allí contaba con amigos a los que quería seguir viendo, y Natalio era uno de ellos. Por eso, cada tanto me daba una vuelta por el edificio de Uruguay al 1300, a donde se había mudad García Ferré con todo su personal, y nunca dejaba de pasar por el piso ddedicado a la animación, donde se etaba trabajando en la película Trapito. Allí admiraba las ilustraciones de Csecs, saludaba a De los Ríos, Pérez Aguero y otros animadores y me detenía largo rato ante la mesa de Natalio, siempre llena de exquisitos bocetos, trazados con marcador, algo nuevo por esos tiempos. Natalio siempre había querido ser historietista y por eso nuestras charlas siempre giraban alrededor del oficio al que yo me había dedicado de lleno cuando dejé G.F. para empezar a colaborar como ayudante con Lito Fernández y publicar en la editorial Columba.



En mi estudio de Flores, celebrando algún día especial con la barra: Natalio, Tempesta, Caliva, Szilagyi, Barbero y Gaspar

Pasó el tiempo, y quiso el destino que en 1985 yo empezara a trabajar en el estudio de Jaime Díaz, en Perú al 500, donde muchos amigos y colegas míos de García Ferré estaban trabajando; entre ellos, Natalio. Los primeros días no fueron fáciles, y cuando las dificultades de en mi tablero arreciaban, siempre era un alivio irme a tomar un café con Natalio, quien era uno de los animadores "estrella" del estudio. Sin embargo nunca, pero nunca, se le subió a la cabeza la consideración que su talento le había ganado, y siempre cultivó una humildad y un perfil bajo que no amenguaban para nada el respeto y la admiración de quienes conocían su trabajo, uno de los más creativos y originales del ambiente. Las escenas más difíciles siempre eran para él.

 Cuando se homenajeó a Manuel García Ferré en la Legislatura de Buenos Aires

En 1988 me mudé a pocas cuadras de su domicilio, y a partir de ahí nos veíamos seguido, nos visitábamos, intercambiábamos revistas y datos sobre ese berretín común, la historieta. Siempre aprendía algo de él; su charla era tranquila, pausada, llena de matices , con la calidez y la nostalgia de cuando evocaba sus comienzos, cuando estudió en la Escuela Norteamericana de Arte antecersora de la famosa Panamericana de Arte.

El Día de la Historieta, 4 de septiembre de 2009, en el barrio de San Telmo 

Con alguien a quien Natalio admiraba y estimaba mucho, el gran Oswal, creador de Sónoman y mucho más

En los últimos tiempos de Columba, se me ocurrió ofrecerle me hiciera el dibujo a lápiz de una historieta (la última que dibujé para la vieja editorial). No se publicó, lamentablemente, pero fue una linda experiencia, poder compartir un trabajo y poder apreciar cuánto sabía de historieta y con qué elegancia y claridad podía interpretar un guión. Pasaron los años. Lo recuerdo en algunas reuniones en mi casa, en alguna fiesta familiar, siempre amable, chistoso, participativo...  

Natalio fue muy feliz cuando le tocó suceder a Pérez Aguero en el dibujo de las historietas del Hada Patricia para la revista Anteojito. También escribía los guiones y allí pudo volcar todao su amor por la historieta, su visión del relato, la narración gráfica y la creación de personajes.

Alguna vez Oswal y García Seijas lo retrataron en una historieta publicada por la editorial Record


Cuando instalé un pequeño estudio en la calle Yerbal, a seis cuadras de su casa, él solía acudir cuando nos reuníamos algún grupo de pocos pero buenos amigos. A veces, me tocaba el timbre a la mañana y me llevaba al bar de la esquina o a algún otro a tomar un café con leche y medias lunas. Fue el amigo más cercano que tuve, geográficamente hablando, y uno de los más entrañables. 

En 2010 junto al gran Solano López, el dibujante de El Eternauta, nada menos

El humor de Natalio siempre creaba situaciones donde la sonrisa era inevitable, como esta vez que andábamos por el Museo Sívori de Palermo

O como cuando formó un simpático dúo con Gaspar González, en la Alianza Francesa

Cuando falleció su esposa, creo que en 2009, Natalio perdió mucha de la motivación que tenía para vivir. Fue el momento en que sus amigos tratábamos de sacarlo de esa tristeza y lo invitábamos a acompañarnos a los eventos historietísticos que por suerte se multiplicaban. Siempre aportaba su cuota de inteligencia, memoria, ironía... era el compañero ideal.


Con otra gran artista, Martha Barnes, en 2013


En 2019, cuando se homenajeó con la Orden del Buzón al amigo y cpompañero Manuel Cativa, Tempesta, Tito Spataro y Gaspar


Examinando los originales de Gatos y Conejos, la historieta todavía inédita, donde Natalio tuvo la generosidad de bocetar toda la primera parte, de carácter infantil, para ayudarme a interpretarla

Con la excusa de esta historieta nos encontrábamos cada dos por tres en el bar de la esquina de su casa y la pasábamos muy bien

Tal vez la última vez que compartimos una mesa con amigos, en esta ocasión, Tempesta y Galusso, en 2019.


En 2021 me atreví a caricaturizarlo en el rol de un personaje de mi historieta Patodemia. Él lo vio por internet, le causó mucha gracia y me alentó a seguir. No esperaba yo otra cosa de su buen humor, y su generosidad permanentes

Luego vino la Plandemia, el miedo, la cuarentena y la vida se paralizó. No volvimos a vernos a pesar de residir tan cerca. Su salud no le permitía ya salir de su departamento excepto para ir al médico o al hospital. El teléfono nos mantuvo conectados; algún Whatsapp, un medio al que ninguno de los dos era afecto, y finalmente el silencio. Ya no atendía el teléfono. El miércoles 7 de junio, un simple mensaje de Whatsapp de un amigo me dio la lacónica y definitiva noticia que nunca hubiera querido recibir: falleció Natalio.  

No te digo adiós, Natalio: vas a estar siempre conmigo con tu  amor por la historieta que poblaba nuestras charlas, tu cálida ironía que nunca llegaba al sarcasmo, tus memorias que nunca llegaste a escribir pero a las que les dabas rienda suelta en mil conversaciones, tu compañía que nunca retaceaste, tu maestría, tu sencillez y humildad que no hacían notar para nada que uno estaba junto a un grande de veras.

Gracias por tanta belleza y tanta ternura que creaste con sólo un lápiz y pasión, mucha pasión por el dibujo.

¡Gracias por haber estado siempre cerca, Natalio!



lunes, 31 de julio de 2017

Nikol, la serie perdida

Durante casi todo el año 1987, hace treinta años, en el estudio de Jaime Díaz lo pasamos dibujando Pitufos. Por eso, cuando empezaron a escasear las películas enviadas desde Hanna-Barbera para que les hiciéramos los layouts, sentimos que llegaba el tiempo de las vacaciones. No fue así, sin embargo.



Alguna vez el maestro de animadores Néstor Córdoba y Oscar Deplats habían pasado por el estudio Géminis, que yo frecuentaba tras haber sido socio durante cinco años, comentando que tenían un proyecto, y que nos tendrían en cuenta. Eso ocurrió a fines de 1987. Se trataba de dar vida a Nikol, un personaje creado por el empresario Claudio Díaz ( no era pariente de Jaime). Cuando me quise acordar, yo ya estaba formando parte del equipo creativo, es decir, trabajando junto a Córdoba y Desplats en la creación de los personajes y el desarrollo del storyboard para un episodio inicial de media hora, al que deber+ian seguir muchos más si el proyecto caminaba. Este producto sería totalmente nacional.

Página de story bocetada por Córdoba y pasada en limpio por Massaroli


Poco después vi llegar al estudio de la avenida Belgrano a Carlos Meglia y Horacio Dominguez, quienes se dedicaron al desarrollo de los fondos. Cuando se empezó a animar la pellícula, llegaron mi viejo conocido, el gran ilustrador Leandro Sesarego, mis compañeros de Géminis Ramón Gil y Gaspar González, y muchos de mis compañeros de Jaime Diaz, quien se sorprendió de comprobar que le hhabía salido una empresa rival, pero dado que en ese momnneto no tenía casi trabajo para dar, lo tomó con filosofía.


Una de las tareas más gratificantes que desarrollé fue colaborar en la creación de personajes. El más "mío" es el pterodáctilo de la derecha, del que ya ni recuerdo el nombre



Los bocetos que aquí se ven han "sobrevivido" durante todo este tiempo en mis archivos. 

Plantilla comparativa de modelos de los personajes de Nikol, la serie perdida

Lamentablemente, tanto esfuerzo no dio los frutos esperados, y la película no encontró compradores ni en la televisión local ni en el extranjero. Poco a poco fue quedando en el olvido. Alguna vez se la vio en canales de cable, creo. Pero este año, al cumplirse tres décadas de aquella linda aventura, me siento impulsado a recordarla, con algo de nostalgia y mucho de agradecimiento a los que confiaron en mi para participar de lo que al final fue un sueño más, lo que para un dibujante no es poco.

martes, 30 de mayo de 2017

1987, cuando los Pitufos venían marchando


Fue un año de enorme actividad en el estudio de Jaime Díaz, 1987, cuando dibujamos layouts para un par de largometrajes de Los Picapíedras y Los Supersónicos y el resto del año, Pitufos, Pitufos... ¡y más Pitufos! Aquí, los dibujantes "serios" empezaron a desaparecer y fuimos quedando sólo los que nos "animábamos" a pasar de Rambo a Scooby Doo y viceversa, sin parpadear.









Con uno de sus más cercanos colaboradores, Armando Dacol, en el estudio de la calle Perú

Algún día habrá que contar la historia del enorme estudio que Jaime levantó en la calle Perú al 500, donde llegaron a trabajar decenas de dibujantes, entre ellos, los mejores profesionales del momento; maestros como Néstor Córdoba, Carlos Pérez Aguero, Natalio Zirulnik, Alberto Grisolía, Carlos Constantini, Ubaldo Galuppo, Falín, Silvia Nanni, y tantos otros, produciendo toda clase de animaciones y layouts para Hanna- Barbera, Walt Disney, Ruby Spears y otros grandes estudios.Desde 1983 hasta mediados de los '90, Jaime Díaz Producciones fue la meca del dibujo animado en la Argentina. Y una gran escuela: de allí salieron muchos de los profesionales que hoy descuellan en la profesión.

Épocas de gloria del estudio, en 1984. Arriba: Horacio Saavedra, Dacol, Jaime Díaz, Barbero, Mordillo, Cedrés, Caro, Quartieri, Álex Salas, y Constantini. Abajo: Cativa, Luque y Sánchez









Los dibujos que anteceden son parte de escenas de diversas películas de los Pitufos, denominados layouts, en las que trabajé, y que me han quedado por alguna razón, ya que generalmente se entregaba todo el material, que partía hacia rumbos tan disímiles como Los Ángeles y Taiwan. Fue un año de mucho trabajo, muchas vivencias, que conservo en mi memoria como "1987, el año de los Pitufos".

lunes, 18 de julio de 2016

Recordando Wildfire, hace 30 años, en los estudios de Jaime Díaz



El estudio de Jaime Díaz Producciones empezó 1986 trabajando intensamente. En la sección de layouts, bajo la supervisión de Armando Dacol y Manuel Cativa, series como Rambo y Chuck Norris reclamaron más dibujantes "serios", principalmente los provenientes de Columba, como  Sergio Mulko, Carlos Leopardi, Alberto Saichan, Roque Vitacca, Andrés Klacik y hasta el mismo Daniel Haupt, uno de aquellos gloriosos 12 Famosos Artistas de la Panamericana de Arte, pasaron por allí, sin olvidar a glorias como Héctor Torino, Jesús Balbi, Mannken (Víctor Braxator), Chiche Medrano, mi antiguo "jefe", y el joven Carlos Meglia, ya un fuera de serie.

 
Primer episodio de Wildfire

 Armando Dacol analizando modelos de personajes con Jaime Díaz

Massaroli, Balbi, Mulko y Caliva después de una noche de cierre

Un buen día supimos cuál iba a ser nuestro trabajo el resto del año: una serie nueva para Hanna-Barbera con un personaje llamado Wildfire, una hermosa yegua con el poder de transportarse y transportar a su dueña a un mundo paralelo donde ocurrían aventuras maravillosas. Los modelos de los personajes  eran impactantes y estaba claro por qué nuestro equipo había sido elegido para hacer los layouts: se trataba de un estilo realista, del tipo "espadas y dragones", que por lo visto, tenía toda la intención de competir con el exitoso He-Man. ¡Los dibujantes provenientes de Columba estábamos en nuestra salsa!

 Leopardi viendo dibujar a Díaz

 En la mesa de animación de la que salieron tantas escenas

El supervisor, Armando Dacol, distribuía las escenas entre los dibujantes según la capacidad de producción de cada uno. Eso hizo que generalmente el infatigable Klacik se llevara la mayor parte. Por un tiempo se encargó de dibujar los fondos, con gran calidad, el dibujante Ingo Elfers, antiguo ayudante de Medrano.

 Carlos Leopardi en su mesa de trabajo

Con Torino y Leopardi, tras una dura jornada en Jaime Díaz Producciones.

  Se ganaba bien, se estaba entre amigos. Quedan los recuerdos. Muchos, como por ejemplo aquella noche en que nos quedamos a cerrar una entrega y terminamos pintando con unos acrílicos carísimos que había traído Jaime Díaz de USA, y  mientras Balbi acometía la imagen de un tren cortando el horizonte ante el asombro de Mulko, Leopardi le decía: "Más luz, maestro, más luz..." Mannken, no abandonaba su tablero, pero acompañaba con aquella típica sonrisa irónica que Leopardi supo captar en un rápido apunte a gran tamaño, en donde exhibía su técnica publicitaria. O aquel duelo de bollos de papel de oficina a oficina entre Meglia y Vitacca contra Caliva y quien escribe, imprevistamente interrumpido por un pesado frasco lleno de lápices arrojado por Medrano, que por suerte no aterrizó sobre ninguna cabeza. O aquel loro tropical instalado sobre el marco de la puerta, al que algunos dibujantes al pasar,  no le mezquinaban mimos y otros, insultos. En fin... ¡qué tiempos aquéllos!

Tuve el privilegio de bocetar muchas de las escenas de Wildfire que Balbi luego terminaría con su trazo preciso, indestructible, genial. ¡Qué orgullo haber trabajado con semejante maestro y contado con su amistad!



Dibujamos ese año los 13 ó 14 episodios de Wildfire completos, de cabo a rabo. Cientos de escenas en cada uno a razón de un episodio cada dos semanas .Fue muy bueno mientras duró. Allí, en la planta baja de Perú al 500, se creó un gran clima de camaradería entre los historietistas "exiliados" en aquel hospitalario estudio de animación.  Con el tiempo, gracias a la magia de internet, nos enteramos que se convirtió en una serie de culto en muchos países... Pero esa ya es otra historia.
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