lunes, 25 de septiembre de 2017

Una charla con José Massaroli, "hombre de historieta, historia y política", por Ariel Avilez

El portal NOVA Noticias ha publicado recientemente una larga nota que en realidad es prácticamente la transcripción de una cordial y amena charla que sostuvimos unos días antes el gran conocedor y divulgador del género historietístico y buen amigo Ariel Avilez, en una pizzería del barrio de Flores


He aquí unos pocos párrafos, a manera de muestra de lo que fue aquella conversación que tocó muchos y variados temas:

 ¿Ud. cuando escribe y dibuja estas historietas piensa en algún público en particular, o hace la historieta que quiere hacer y piensa en Ud. como lector?
— Creo que la segunda opción es la verdadera. A lo mejor es un error. He notado que hay gente que interpreta que La Vuelta de Obligado y La Guerra del Paraná está hecha para chicos, porque está en colores y dice "qué bueno que esto llegue a los chicos". Y en realidad yo no las hice pensando en los niños, las hice pensando para que cualquier persona que sepa leer las entienda, que no es lo mismo.
— Y está bueno. Es casi una definición del sentido de la historieta popular.
— Exactamente. La idea es que cualquier persona que sepa leer y ver los dibujos, las entienda; obviamente, trato de no hacer nada que no se entienda dentro de estos parámetros.
— ¿Cuándo considera que empezó Ud., dentro de lo que es su obra, a transitar esta línea histórico-revisionista?
— Empezó hace mucho tiempo, en la década del ochenta cuando, trabajando en el diario La Voz, comienzo a hacer Juan Moreira, que no entra exactamente en lo histórico-revisionista pero que fue el primer paso en esa dirección, haciendo la novela de Eduardo Gutiérrez en historieta. Cuando la termino, y ya que el diario la publicaba a razón de una página por día, me digo ¿qué hacemos ahora? Y ahí es cuando se me ocurre contar la vida de Manuel Dorregoen “Fusilen a Dorrego”, figura que en aquellos tiempos -estamos hablando de 1984- no era tan conocida como ahora, que con libros como el de Hernán Brienza y tantos otros ha sido muy rescatada incluso por el Estado y por el gobierno anterior.
 Era un personaje lateral, Dorrego. Era un coprotagonista de la historia argentina.
— Claro. Incluso yo lo conocía, como dice Ud., como coprotagonista de la historia que cuenta Ernesto Sábato en “Sobre Héroes y Tumbas”, donde Juan Lavalle marcha hacia su muerte arrepintiéndose de haber fusilado a Dorrego; es decir, ahí el protagonista es Lavalle. Pero tras leer esa novela, a mí me quedó más la intriga acerca de por qué realmente lo había fusilado y cómo había sido eso... Así que cuando terminé Moreira y se me ofreció la posibilidad de seguir colaborando con el diario, me dije “metámonos en ese tema”, dibujemos la vida de Dorrego y, de paso, investiguemos. Es decir, fui haciendo las dos cosas al mismo tiempo. Busqué documentación al respecto, empecé a leer la revista Todo es Historia y, fundamentalmente, el libro de Pavón Pereyra, “Pasión y Muerte de Dorrego”. En base de todo eso fui haciendo la historieta. No existía Internet y no era fácil encontrar documentación. Ese fue el comienzo y yo me sentía bien haciéndolo porque sentía que iba descubriendo nuestra verdadera historia más allá de lo que había aprendido en la escuela. Ahí estaba por qué lo habían fusilado a Dorrego, por qué Lavalle había recibido cartas de gente de la oligarquía donde prácticamente lo presionaban para que fusilara a Dorrego. Siguiendo esa huella, una vez que terminé esta historieta, encaré “Facundo”, la vida de Facundo Quiroga, y luego la vida de “El Chacho” (Ángel Vicente Peñaloza)... y ahí es cuando el diario, poco antes de cerrar, trata de cambiar la tónica editorial como una forma de supervivencia, que no sea tan politizado, y me piden que la corte con Peñaloza y que haga otra cosa (risas). Que es cuando empiezo a hacer Orquídeo Maidana... La historieta de El Chacho quedó inconclusa, pero ahí es donde tenemos el gancho con el presente: todo este material durmió en mis archivos durante décadas, e incluso yo no sabía si tenía algún valor o no, porque no había habido prácticamente eco a todo este trabajo, debido en parte a que el diario tampoco tenía mucha circulación y que no era visto por gente del ambiente de la historieta...
 ¿Qué alcance tenía el diario La Voz?
— Era muy limitado, lo compraba gente que tenía intereses políticos muy concretos en ese momento, era un diario peronista de izquierda... Salía en Buenos Aires y llegaba muy poco al interior. Estábamos con las recientes elecciones del '83, los primeros tiempos de Raúl Alfonsín como presidente, todo estaba muy politizado pero la gente de la historieta estaba en otra cosa, obviamente. Entonces todo este trabajo había quedado ahí. Yo recuerdo que Silvestre Szilagyi, dibujante y gran amigo, era el único que prácticamente me recordaba la existencia de todo ese trabajo; y se lo agradezco mucho, porque yo mismo me lo estaba olvidando. Hasta que en el año 2009, más o menos, Alejandro Aguado, conductor de La Duendes, una editorial patagónica con presencia en Internet, me contacta para publicar Juan Moreira en su blog Historieta Patagónica. Y ahí descubrimos que, a pesar de que se creía que la historieta gauchesca estaba muerta y enterrada -el único sobreviviente era Carlos Casalla, queen un diario de Río Negro estaba publicando Cabo Savino-, había interés por el género; gente que no sólo la leía, sino que a partir de la publicación de Moreira, comenzó a hacer historietas de tema gauchesco. Ahora recuerdo a Oenlao, el guionista, a Fer Gris o a Mariano Antonelli...

Para leer la nota completa, seguir el siguiente vínculo al portal NOVA: