lunes, 30 de septiembre de 2019

Un estudio en Villa Ramallo, 1979

Hoy, 30 de Septiembre, es el dia de mi cumpleaños. Día para recordar muchas cosas, muchas vivencias , algunas lindas otras no tanto, lo de siempre en una vida; pero de una de ellas, de las más entrañables, cumple exactamente cuatro décadas. Un día como hoy, de 1979,  yo estaba inaugurando en mi pueblo, rodeado de un grupo grande de amigos y familiares, lo que había proyectado como mi estudio. El lugar donde pensaba continuar mi carrera de historietista desde mi casa natal en Villa Ramallo. Estos son algunos recuerdos de aquella memorable inauguración.

Construido durante 1979 en los fondos de mi casa. para llegar a él había (hay, ya que todavía está) que atravesar casi 50 metros de jardín, parque, árboles frutales, plantas de flores, gramilla, etc.  Canto de pájaros poblando un silencio que enmarcaría las largas horas dedicadas al tablero de dibujante. No se podía pedir más: paz, tranquilidad, y un lugar apropiado para mis libros, revistas y meditaciones.

Allí estaba yo, cumpliendo un sueño. presentar mi nuevo lugar de trabajo, en mi propia casa, a mis compañeros de Buenos Aires y amigos y familiares de mi pueblo


Elías Chalub, mi mentor, antiguo amigo de mi padre, quien me diera alojamiento en Buenos Aires durante el primer mes (el decisivo) de mi aventura inicial, y amistad y consejo siempre, un ramallense de ley, dice las palabras iniciales: "Con este acontecimiento, sale ganando la cultura de Ramallo". Tal vez exageraba, pero no tengo duda de que él estaba orgulloso de lo logrado por aquel pibe al que ayudó en sus comienzos.

Raúl Barbero, compañero de García Ferré, Roberto Percudani, primo lejano, vecino y asiduo visitante del futuro estudio donde no dejó revista de historietas sin leer, y los compañeros José Colamussi y Omar Iarlori, a quien llamábamos Kung Fu en IDA, donde estudiamos dibujo con Pablo Pereyra

Omar Iarlori, Juan Romero (Juaro), Marta, dos de mis compañeros de estudio en IDA y el padre de Raúl Barbero

Mi madre, Esther Cairola, y Chalub en el momento de cortar la cinta para entrar el flamante estudio

Sobre mi tablero (que todavía tengo, aunque en Buenos Aires), una breve muestra de dibujos propios y de amigos

Con Marta, Juaro, mi madre, Robertito Percudan

Con Dante Goenaga, un buen amigo ramallense, mi madre, mi hermana María Luján y Barbero

María Luján firmando el libro de visitas mientras espera su turno Robertito

Luego fue la guitarreada: Dante festejando la interpretación de Víctor Toppi, compañero de IDA y luego dibujante destacado en Columba


Fue una larga noche. Aquí, muchos de los "porteños" que hicieron en tren los más de 200 kilómetros para participar de la inauguración: Marta, David Veloso (el último en llegar, a la madrugada) Juaro, Silvestre Szilagyi, Miguel Rep. Omar, "el Gordo" (se me ha olvidado su nombre) y mi hermana María Luján

Como fin de fiesta, reparto de caricaturas de cada uno de los asistentes, acompañadas de décimas alusivas

Al día siguiente, domingo, entre las plantas de mi casa con Robertito y Miguel Rep


Un momento dedicado a la paleta en la vereda de mi casa, con Szilagyi, Iarlori y Rep

Todo lo bueno se termina demasiado pronto y los amigos ya se vuelven para la capital: Jorge Landi, "el Gordo", Andrea, Veloso, Toppi, Marta y Juaro se despiden a punto de tomar el tren


Así fue como se puso en marcha aquel estudio, en el que pensaba continuar quién sabe hasta cuándo mi vida de historietista. En aquellos tiempos yo trabajaba para la editorial Universo de Italia y para la Thomson de Gran Bretaña; mi futuro parecía asegurado. Un año después las cosas empezaron a cambiar y a comienzos de 1981 tuve que regresar a Buenos Aires en busca de trabajo. Durante ese año, volvía frecuentemente cuando conseguía algo para hacer. Y cuando no... allí nació Orquídeo Maidana, mi personaje más querido, que luego presentaría en Caras y Caretas en 1982. Desde allí dibujé para la revista Pupo de Jujuy. Pero el destino ya me tenía asignado otro lugar bajo el sol y el estudio fue quedando cada vez más atrás.

Siempre que lo visito no puedo escapar a la pena de haberlo tenido que abandonar. pero quién sabe... él sigue allí, esperando, como los que te quieren... esperando, mientras en sus viejas paredes todavía parecen resonar la voces de tantos compañeros y amigos que me acompañaron en aquel día de cumpleaños, uno de los más felices de mi vida.

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