martes, 16 de agosto de 2011

Adiós a un Grande: Solano López

Conmueve, golpea la noticia repentina, definitiva: se nos fue Solano. El dibujante que creó El Eternauta, junto a Héctor Oesterheld, cuando era muy joven, cuando no sospechaba que era para siempre, que inauguraba un ícono de la Argentina del siglo XX, un símbolo de la lucha eterna por la libertad.


Mi primer recuerdo es el de aquel aviso que salía en Hora Cero promocionando El Eternauta. Me llamaba la atención el casco "alemán" del protagonista, el extraño apellido del guionista y el apellido con "sabor" a historia del dibujante, que lo hacía parecer muy serio a pesar de la foto juvenil. Yo no leía Hora Cero en esa época; era muy chico, pero me quedó grabada aquella imagen sombría, misteriosa, aquel nombre atractivo como pocos, El Eternauta.


Cuando empecé a estudiar dibujo en IDA con Pablo Pereyra, empecé a oir hablar mucho de todo lo que tenía que ver con Hora Cero: Pereyra había sido el director de arte de la editorial Frontera y le encantaba contar las anécdotas de Pratt, Oesterheld, Solano... una de ellas se refería a cuando Pereyra le boceta una tapa para Hora Cero donde tenían que estar los tanques norteamericanos avanzando hacia Monte Cassino, y Solano, en el apuro por entregar le dibujó tanques alemanes; cuando Pereyra le encarga que lo arregle, no le llevó mucho tiempo al joven maestro: les borró las svastikas a cada tanque y les cambió los cascos a los soldados y listo; sólo que, se reía Pereyra, ¡seguían siendo unos inconfundibles panzer alemanes!

 
A veces pasaba por IDA Julio Schiaffino, quien había sido ayudante de Solano y contaba cómo el maestro lo mandaba a tomar apuntes de la cancha de River y otros lugares para dibujar luego en El Eternauta. Todas estas historias que yo oía con devoción, fueron orientándome hacia el dibujo realista, lo que no había sido mi intención cuando soñé con dedicarme a la historieta. Por esa época leí El Eternauta, en una sola tarde, de un tirón, sin poder soltar el viejo libro hasta llegar a la terrible pregunta final: "Será posible?" El dibujo estremecía tanto como el texto en esa obra única, que el tiempo ha convertido en inmortal, para mí, el Martín Fierro del siglo XX.


Lo conocí en persona mucho después, cuando se convirtió en vicepresidente de la ADA, la Asociación de Dibujantes,en tiempos del Proceso, cuando la presidía Eugenio Zoppi. Juntos hicieron una gran tares de apoyo al dibujo nacional y convocaron a gran cantidad de dibujantes que buscábamos la manera de mantenernos unidos en aquella época nefasta. Ahí pude ver a un ser humano cálido, sencillo, amistoso, dispuesto a colaborar con los jóvenes sin vanidades ni orgullos a que hubiera tenido legítimo derecho, pero que no estaban en su esencia. 


Lo recuerdo en la Bienal de Córdoba (1979), dibujándome un Bull Rockett con un ojo, mientras con el otro no le perdía detalle a las bellas cordobesas que merodeaban entre tantos artistas de primerísimo nivel mundial: Pratt, Breccia, Moebius, Kubert, Salinas, De la Fuente, Del Castillo, Solano López...


Pasa el tiempo, algunas veces nuestros caminos se cruzan. En diciembre de 2008 me entero que lo declaran Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y allá voy. Lo saludo y me sorprende que se acuerde de mí. ¡Gran observador y memorioso, como es natural en un dibujante de su talla!

 En la Feria del Libro, 2010

2010. En la presentación de "1811", de Wood-Goiriz, en la Embajada de Paraguay

En 2010 me dio la gran alegría de asistir a la presentación de mi libro ¡¡Juan Moreira!! en la Biblioteca Nacional. El espaldarazo de un creador que a esa altura era ya un mito viviente de la historieta argentina fue un honor  enorme para mi, no sé si merecido del todo, pero que habla de la generosidad  con que Solano respondía al afecto de los que lo admirábamos y queríamos.

 
En la Biblioteca nacional, con Keki, Maicas y Zirulnik

Biblioteca Nacional, con Matías Martín Saucedo, conductor del UFA (Union de Fantásticos Argentinos)

Lo vi por última vez en una charla en una librería, donde le llevé y le dediqué uno de mis Moreiras, y a cambio me llevé "El Perro Llamador" dedicado y autografiado, que guardo como un tesoro junto a aquel Bull Rockett del '79. Fue un momento muy grato, donde Solano demostró que mantenía su buen humor intacto, su memoria... y su gusto por el bello sexo: ¡me felicitó por la belleza de las chicas que habían estado vendiendo mis libros en la Biblioteca Nacional!


Alguna charla telefónica fue la última vez que oí su voz serena, lúcida, consciente de que su creación lo sobreviviría: un ícono de la Argentina más valiosa, de la Argentina de los que resisten, los que luchan por su gente, por la libertad y la justicia. Descanse en paz, Solano, hay Eternauta para rato.