domingo, 4 de julio de 2021

Domingo 4 de Julio de 1971. Diario de la Aventura

    "He tomado una decisión: regresar. Soy joven y habrá tiempo para el triunfo, más adelante; pero mami no puede esperar. Ahora me voy, sí; pero probablemente después de cobrar a principios de Agosto en Alfa. vuelva, si es que consigo, por medio de Mami, entrar en Fiplasto. El mañana dirá; ahora todo está muy incierto. Mi decisión era firme, pero antes que nada están mi mamá y mi hermana. Dios dirá..."


    Yo había conseguido trabajo en una empresa de artículos para el hogar que se encontraba en Sarmiento al 1200. No fue casualidad, sino que dos primas de mi madre, la Poroncha y la Chin (así las llamaban en la familia), tenían un dinero invertido en Alfa Hogar, y al ir a cobrar sus intereses se les ocurrió preguntar si necesitaban un empleado. La buena fortuna hizo el resto y a comienzos de junio me encontré usufructuando mi título de Perito Mercantil en las  oficinas de aquella empresa. 

    Paradójicamente, cuando mi situación pareció estabilizarse, mi madre se puso peor. Claro, ella en el fondo esperaba que luego de intentar todo lo posible, yo me desanimara y regresara a Ramallo. Al ver que mi posición en la capital se consolidaba, su psiquis acusó el golpe y comenzó a mostrarse cada vez más desolada por mi ausencia, lo que tanto a mi hermana como a mi nos afectaba bastante, de modo que cada regreso mío se convertía en un valle de lágrimas. 

domingo, 20 de junio de 2021

20 de junio de 1971. Diario de la Aventura

Domingo 20 de junio. 

Ayer lloré. Volví contento por haber hallado un trabajo decente y pensando que ahora Mami iba a estar más tranquila; y fue todo lo contrario! En fin, todo parece haberse  calmado y parece estar conforme con la situación; parece... ¡Yo no sé qué hacer! Pero supongo que debo seguir adelante. Hay mucha soledad aquí y es tan lindo esto, que cuesta irse; pero también cuesta dejar tantos sueños. Veremos qué pasa...


    Cada vez que regresaba a mi casa en Villa Ramallo, fin de semana por medio, se repetía una serie de escenas que me iban desgastando psicológica y sentimentalmente: es que mi madre empezaba a sentir el golpe de mi ausencia y lo demostraba cada vez más abiertamente. Con el paso del tiempo ella iba comprobando que no había sido un simple capricho, un simple "darme una vuelta por la capital a ver qué pasa". Y entonces, a la fugaz alegría del reencuentro, a mi llegada, le sucedía la creciente tristeza de mi próxima partida. María Luján, mi hermana, hacía lo posible por apoyarme, pero también sentía que toda la atención de mi madre se centraba en mí y sufría por verse postergada
    Todo esto me iba pesando cada vez más. Sumémosle la llegada del invierno, cuando los dedos empezaban a congelárseme a la intemperie y la aparente falta de un futuro en lo que yo estaba haciendo: vender curitas en los pasos a niveles o casa por casa. Yo me aferraba a mis estudios, porque sabía que la única posibilidad de no tener que abandonar todo y regresar a mi pueblo con las manos vacías era aprender, aprender y aprender. Por las noches, luego de una frugal cena, tomaba el libro de Loomis, Ilustración Creadora, y lo estudiaba a fondo, con pasión, cuando no me ponía a hacer las tareas que encomendaba Borissof. ¡Toda la anatomía que sé la aprendí aquel año!

lunes, 7 de junio de 2021

7 de junio de 1971. Diario de la Aventura

Lunes 7 de junio. 

Siempre la misma rutina: no pasa nada en el ministerio. El miércoles fue mi día más glorioso: ¡28 cajitas! A la noche fui a ver el partido a lo de Beto: perdió Estudiantes, pero no importa: el miércoles que viene ganamos. Aunque no sé si lo podré ver. El jueves, no, el lunes pasado presenté varias viejas historietas en la academia. ¡Un éxito total! Todos se asombraban de que no hubiera tenido éxito en las editoriales. estoy practicando el estilo de García Ferré: puede haber posibilidades.

Con Goyo Mazzeo muchos años después, en la Academia del Lunfardo, con gran el gusto de recibir un ejemplar del libro que recopila sus Historias Tangueras, firmado por él mismo

   Actualmente parece mentira que yo haya podido pagar el hotel, la cuota del instituto y comer, con la sola venta de Curitas casa por casa. Eran otros tiempos, claro; hoy, aquello resultaría imposible. 
    Se acercaba el invierno y ya no era tan gracioso deambular por las calles de Palermo o pararme en el paso a nivel de Agronomía para venderles curitas a los automóviles que allí se detenían cuando pasaba el tren.  Sin embargo, no veía otro camino por el momento y lo transitaba con fe en que todo se solucionaría.
    El tío Beto, esposo de la hermana de mi padre, la tía Elena, vivía en el barrio de Caballito, en la casa de un funcionario del gobierno. Allí oficiaba Elena como cocinera  y Beto como chofer, ambos con cama adentro. Años antes la generosidad del patrón había permitido una reunión familiar de la que guardaba lindos recuerdos. 
    Ya había andado por García Ferré. Al abrirse la puerta, la primera vez, en un edificio de la calle Viamonte al 700, me recibió Goyo Mazzeo, quien, luego de un rápido vistazo, me aconsejó seguir estudiando dibujo. Razón no le faltaba, como pude ir comprobando a medida que rebotaba en las editoriales y avanzaba en mis estudios con Borissof en el IDA. Con el tiempo, seríamos compañeros de trabajo y siempre mantuve con él una relación cordial. No podía ser menos, ya que yo guardaba en mi corazón la grata vivencia que me deparó en mi adolescencia la lectura de un ejemplar de la revista que él dirigió: Historias Tangueras. Dos letras de tango memoricé para siempre, tras haberlas leído en sendas historietas escritas y dibujadas por Mazzeo: Noche de Reyes y Con Pena y Amor (un vals, creo). Un tanguero de ley, Mazzeo empilchaba siempre de manera impecable; ya peinaba canas, aunque no creo que pasara de los 40 años.

lunes, 24 de mayo de 2021

24 de mayo de 1971. Diario de la Aventura

Lunes 24 de mayo.

Y aguanté. En este escaso tiempo, vendiendo Curitas nuevamente, logré pagar los $6.000 de la academia y parte de lo de la pensión. El panorama parece mejorar, pero no para Mami: es terrible su pesimismo. Dentro de un rato me voy. Esta tarde trataré de entrar en Dante Quinterno por medio del argumento que les entregué hace casi 15 días; ya me llevo escrito otro. Del empleo en el ministerio, ni noticias. ¡A darle a las Curitas, nomás!


Desde los primeros días en Buenos Aires transité las editoriales en busca de aprobación para mis trabajos de aficionado y de trabajo. No venía consiguiendo ninguna de las dos cosas pero iba adquiriendo experiencia en el trato con los editores, que es lo que más necesita un principiante. 


Así fue como conocí al legendario Tulio Lovato, el dibujante estrella de la editorial Dante Quinterno; es decir, ¡de la revista Patoruzú! Un edificio enorme, lujoso, en mitad de Maipú al 900 me recibió fríamente. Lovato, en cambio, me trató con la cordialidad de un maestro que recibe a un joven e inexperto aspirante a colega. Comentó con piedad mis dibujos, me mostró originales de la historieta que estaban haciendo de Patoruzú, las que devoré con los ojos. ¡Al fin veía un original de historieta! Eran páginas bastante más grandes que las de la revista, y se dibujaban de un solo lado. Una prolijidad inconcebible relucía en esos trazos límpidos, precisos, muy distantes de lo que yo había llevado.


Finalmente, me propuso escribir guiones. No salía de mi asombro, pero me dijo que le habían gustado los guiones de mis historietas y que por ahí podía andar más fácil la cosa, al menos para empezar. Me envió a ver a otra ,leyenda de la editorial, Mariano Juliá, supervisor de los guionistas, quien luego de una amable charla me entregó una especie de manual con todos los requisitos que debía incluir un buen guión de Patoruzú. Ese día salí de allí sintiendo que llevaba un tesoro en mis manos. 

No tardé en concebir ideas y escribir borradores, que esperaba tuvieran mejor suerte que mis dibujos.

martes, 4 de mayo de 2021

4 de Mayo de 1971. Diario de la Aventura

 Domingo 4 de mayo de 1971.

¡Pero ojalá ya tuviera el trabajo en el ministerio! Porque con el Geniol me fue malísimamente y quedé en bancarrota. Mami, conmocionada, trata de que me quede y abandone todo; no sé qué hacer, si me voy puede pasarle algo...   ¡Oh, destino! ¿Qué hago?... En la escuela, todo va bien; el problema es pagarla. En la pensión me traicionaron: cuando volví me habían cambiado de habitación y mandado a un altillo, donde estoy solo, y Mami, desesperada. Todo parece venirse abajo; Éste es el momento de aguantar...


La idea de  "ampliar el negocio" vendiendo Geniol además de las Curitas, no funcionó para nada. Por algún extraño motivo, a la gente no le interesaban las aspirinas. ¡Tuve que volver rápidamente a la venta de los apósitos "color piel muy resistentes"! Pasé varios días casi sin recaudar nada de dinero, hasta que recuperé el nivel de venta anterior, transitando siempre las calles de Palermo, una por cada jornada. 



¡Encima, el disgusto de llegar un domingo a la noche, cargando la tristeza de dejar en la estación de Ramallo a mi madre y sus lágrimas y mi hermana soportando pacientemente lo que le esperaba, y encontrarme q mi habitación ya no era la mía! 

La llave no abría y yo no entendía por qué; hasta que, alertado por el ruido que hacía luchando con la cerradura, apareció el Gallego Alonso. Prontamente me advirtió que ahora mi habitación estaba al fondo, junto al lavadero, subiendo unos pocos escalones. Que allí estaría mejor, solo, más tranquilo, etc. etc. Eso me convenció un pco, ya que la convivencia forzada no era algo que soportara con alegría, por más que Marciano Arias fuera un compañero de pieza realmente macanudo. 

Empezaba a comprender que en la vida nada es definitivo, que todo cambia constantemente, y uno también cambia con las cosas que cambian. 
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