A fines de 1974 me encuentro con Lito Fernández en un bar de la avenida 9 de Julio, a media cuadra de las oficinas de la editorial Record. Con él estaba el que sería un gran amigo de toda la vida: Silvestre Szilagyi. A raiz de ese encuentro, empecé a enseguida a trabajar con Lito.
Una colaboración que duraría casi dos años y fue la verdadera escuela
en la que aprendí la técnica de la historieta, al lado de un MAESTRO con
todas las letras, excelente persona y del que me precio, todavía ahora,
de contar con su amistad inclaudicable.La nota completa, en el blog donde recuerdo una de mis historietas por año:
Contando las Cuarenta (40 años - 40 historietas)








