sábado, 3 de abril de 2010

Recordando a Horacio Merel




Hoy, 3 de abril, se cumple un año desde el día en que Horacio Merel nos dejó.

Pertenecíamos a distintas generaciones, pero su buen humor, su alegría de vivir, sus ganas de dibujar y hacer música nos mantenían permanentemente nivelados a la altura del compañerismo y  la amistad. Por eso, no puedo seguir en tercera persona, disculpen...


 Te conocí, Horacio, al llegar un día de visita al Estudio Géminis, allá por los '70s. Saliste de pronto detrás de un tablero y te presentaste; tenías unos 42 años y te habías casado hacía poco tiempo. Hernán Torre Repiso (Yacaré) te encontró en Columba y te ofreció un lugar en el estudio, siempre abierto a los amigos y colegas que necesitaran un espacio para trabajar.


En ese momento estreché la mano no sólo del petiso de bigotes y barbita puntiaguda, narigón y chistoso que ya estaba saltando (como buen baterista), haciendo chistes y bromas a todo galope, sino la de Johnny Rosco, aquel personaje de la revista Misterix que yo había leído en mi infancia y que vos dibujaste. También era la mano del Cabo Savino y de Álamo Jim, que sabías dibujar para Columba, cuando Casalla no daba abasto con la enorme producción que le pedían.

Historias de la Tierra Bárbara, Turay, 1974


Pancho Camet, Fernández, Mulko, Gil, Massaroli, Gaspar, Caliva y Merel, 1983, Estudio Géminis

Eran los tiempos en que Rubén Villarreal y Carlitos Leopardi se sumaron al staff de "la oficina", tiempos en que yo iba de tanto en tanto, y siempre me encontraba con bromas, cuentos, chistes, discusiones, imitaciones que te tenían como protagonista principal. Cuando en 1981 llegué a Géminis sin trabajo y sin dinero en busca de refugio, vos, como uno de sus integrantes, no tuviste inconveniente, lo mismo que Gaspar (en ese momento eran los dos únicos socios "aportantes" que quedaban), en que me instalara y trabajara allí sin exigirme ningún pago hasta que la suerte me volviera a a sonreir.

Peni, Gil, Massaroli, Pereyra, Meier, Merel, Meriggi, un hijo de Merel y Rep, 1985
 Merel, Gaspar, Pancho Camet y Meier

¡Cuántas veces nos encontramos en Columba el día en que se cobraba! Eso ocurría cuando ya habías dejado Géminis y yo, en cambio, me había "oficializado" como socio y dibujaba Encuentros Cercanos. Un almuerzo o una pizza compartidos con otros dibujantes eran casi obligados en esas ocasiones. ¿Y aquellas caminatas nocturnas desde "la oficina" (Lavalle al 2300) hasta Caballito, donde tenías tu departamento?

Navarro, Merel y Caliva

¿Y aquél almuerzo histórico, cuando, junto con Alberto Caliva nos bajamos entre los tres cinco botellas de Norton, instruídos ambos ampliamente por tu amplio conocimiento de la enología, brindado generosamente? ¿Y cuando rompí sin querer la damajuana de vino en tu departamento la noche en que Pablo Pereyra se quedó a dormir? Cuántos recuerdos, che, Horacio!
Eugenio Zoppi, Julio Álvarez Cao, Pereyra, Merel, Carlos Barragán, Julio Dolz y Meier, Ferro, ¿1991...?

Alguna vez compartimos una historieta para Alemania. Salíamos caminando al mismo tiempo cada uno de su departamento  y nos encontrábamos a mitad de camino por Alberdi, para intercambiar guiones y documentación en algún bar, tomando una cerveza negra. Luego, el tiempo pasó y fuimos dejando de vernos; suele suceder. Trabajabas en La Plata, siempre dibujando, claro. Un día me alegré de encontrar en internet un excelente "Minireportaje" que te había hecho Ariel Avilez, diestro escritor y entusiasta morador de las Blancas Murallas, sitio que rescata una amplia zona del pasado de la historieta nacional.

Una página "perdida" de Merel, olvidada en "la Oficina"

Seguramente te dedicabas cada vez más a la música, al  jazz, tu otra pasión; como vemos en este video con que te despidieron tus amigos músicos:


Al fin nos pusimos de acuerdo para reunirnos algunos ex "geminianos" y lo hicimos para despedir el 2008 o recibir el 2009, no recuerdo bien. Allí estuvimos con Gaspar y Caliva, primero en mi estudio y luego en el bar de la esquina, brindando, volviendo a oir los viejos chistes que seguían haciéndonos reir por esa gracia picaresca con que los contabas y que no te abandonaba. Estabas algo pálido, eso sí. Te acompañé a tomar un taxi en Rivadavia y te despedí sin saber que esa vez era para siempre.

Con Horacio  y Gaspar en mi estudio, 2008

Unos meses después, el 3 de abril, me llamaban para avisarme. Allí estuvimos Frank Szilagyi, Gaspar y yo para darte el último adiós. Un pedazo de Géminis se nos iba también aquella tarde.


Pero, bueno, quedan tantos recuerdos gratos... Esos asados en Ferro, las reuniones en mi departamento... ¿Cómo olvidar cuando te cantaste La Última Curda? ¿Y aquél partido de fútbol en que salías revoleando los brazos a marcar a Enrique Meier, tratando de espantarlo cómicamente? O tus famosas historias del Bebe de los Santos, o las de tus comienzos como ayudante de Solano López, siempre salpicadas de humor... Nos juntamos con los "muchachos" de "la oficina"  y esas anécdotas de alguna manera te traen de nuevo entre nosotros; estás aquí, ahora. por eso, no podemos decirte adiós, Horacio; sólo ¡hasta siempre!